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Authors: Mongolia,

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El hundimiento de la acción de Prisa debe de haber sido un gran negocio para los expertos a corto: desde que los promotores de Liberty entraron en Prisa, la acción ha caído en torno al 90 por ciento. Con consecuencias internas devastadoras: la familia Polanco también ha sido devorada —diluida en el accionariado y apartada del poder—, el dinero para el periodismo se ha reducido a la mínima expresión, los trabajadores están siendo despedidos en masa y la deuda aún supera los tres mil quinientos millones de euros.

Con la operación de Liberty solo han ganado las dos partes contrayentes: de un lado, los tiburones del fondo, que se aseguraron una remuneración anual del 7 por ciento durante tres años y, en el caso de Berggruen, el aval para sus pretensiones intelectuales, que exhibe incluso como articulista del diario acompañado de firmas de prestigio como Nouriel Roubini, al que retribuye a través de su fundación. Y del otro, Cebrián, quien acabó concentrando todo el poder en sus manos, se aseguró un sueldazo blindado durante tres años hasta 2013 y, además, se ha embolsado ocho millones de euros como gratificación extraordinaria por la operación de Liberty —como premio por salvar Prisa—, según consta en la documentación remitida a la CNMV.

El coste demoledor que supuso la operación para la empresa que mejor había representado en España los valores progresistas se aprecia observando la composición del Consejo de Administración, tomado por consejeros vinculados al sector financiero y los fondos especulativos.

Además de los procedentes de Liberty —Berggruen, Franklin y Roman— y del propio Cebrián, que llegó a ser consejero de Bankinter, el listado incluye a Fernando Abril-Martorell —Crédit Suisse, JP Morgan—; Juan Arena de la Mora —ex presidente de Bankinter, donde trabajó treinta y siete años—; Gregorio Marañón (ex Banco Urquijo, Argentaria, BBVA, Banif); Matías Cortés —hombre de confianza del Banco Santander—; Alain Minc, próximo a Nicolas Sarkozy y consejero de CaixaBank; José Luis Leal —durante dieciséis años presidente de la patronal bancaria—; Ernesto Zedillo, consejero de Citibank, y Agnès Noguera, ex consejera del Banco de Valencia a la que el FROB ha llevado a la Audiencia Nacional.

Berggruen, que en julio de 2012 —mientras Prisa ultimaba el ERE en
El País
— anunció el despido de dos mil trabajadores de Karstadt —la gran cadena de centros comerciales en Alemania que controla—, ha sido condenado por el Tribunal Supremo por negarse a indemnizar al centenar de obreros de CosmHogar SA, empresa española que «desguazó».

Forbes
estimaba en 2009 su fortuna en dos mil doscientos millones de dólares, pero el multimillonario
homeless
—vive en hoteles de lujo tras vender sus casas— suele presentarse casi como un monje budista. En 2010 le dijo al
Financial Times
que era abstemio y sin apego a «cosas materiales»: «Tengo muy pocas posesiones… Algunos papeles, un par de libros, algunas camisas, chaquetas… Caben en cualquier bolsa; es muy fácil [ser
homeless
]».
3

Será por ello que el elemento clave de su imperio financiero se llama Nicolas Berggruen Charitable Trust. Para encontrarlo, eso sí, hay que dar un rodeo: la participación en Prisa la canaliza a través de BH Stores IV, BV, a su vez filial indirecta de Berggruen Holdings Ltd., a su vez filial directa totalmente participada por Nicolas Berggruen Charitable Trust. Ya hemos llegado. Y aquí ya no huele a sangre: estamos en el paraíso fiscal de las Islas Vírgenes Británicas.

 

 

Así desguaza empresas el «salvador» de Prisa

 

Nicolas Berggruen, el gran triunfador de las finanzas, el
ho
meless billionar
e
4
que salvó de la quiebra al Grupo Prisa a través del vehículo Liberty y que ahora se sienta en su Consejo de Administración —y el de
Le Monde
— ha sido condenado en firme con el aval del Tribunal Supremo español por no pagar lo que debe a un centenar de obreros de CosmHogar SA. A finales de la década pasada, esta empresa de Rubí (Barcelona) cerró como consecuencia del devastador
tsunami
que supuso la entrada del
hedge fund
capitaneado por Berggruen.

En octubre de 2008, el Juzgado de lo Social número doce de Barcelona dio la razón a los trabajadores y condenó a Berggruen y a sus socios, que para evitar el pago de indemnizaciones —apenas seiscientos mil euros en total— recurrieron al Tribunal Superior de Justicia y, finalmente, en última instancia al Supremo. A finales de 2012, el Alto Tribunal ratificó la sentencia inicial, que describe con todo detalle cómo el financiero se quedó en 1999 la empresa sin pagar ni un euro y cómo la fue «desguazando»
progresivamente hasta abocarla al cierre.

Sin embargo, la opacidad del entramado empresarial de Berggruen, que siempre acaba conduciendo hacia paraísos fiscales, ha imposibilitado que, a pesar de la sentencia del Supremo, los obreros cobren los intereses generados, cifrados en alrededor de ciento cincuenta mil euros. Eso sí, las provisiones exigidas para poder recurrir los sucesivos fallos sirvieron para abonar la deuda primigenia de seiscientos mil euros.

La dificultad para ejecutar toda la sentencia —pago de intereses incluido— ha llevado a los abogados del Col·lectiu Ronda, que representa a los obreros víctimas del pelotazo, a solicitar al juez que se dirija al Grupo Prisa para que localice a su consejero y le emplace a abonar el pago. Los ciento cincuenta mil euros que racanea no le supondrán ningún quebranto importante: la última estimación de
Forbes
le atribuye una fortuna personal de dos mil trescientos millones de dólares.

Pero más allá de la deuda a los obreros, las sentencias sucesivamente ratificadas describen un modus operandi que para los trabajadores resulta escalofriante, sobre todo para los empleados de Prisa que aún conservan su puesto. En 2010, Berggruen lideró Liberty Adquisitions Holdings —técnicamente, una SPAC o fondo creado para una sola gran operación—, que inyectó seiscientos cincuenta millones de euros al capital del gran grupo de comunicación español y se convirtió en uno de los hombres fuertes del Consejo de Administración junto con su socio, Martin Franklin.

Las sentencias muestran que en 1999 Berggruen adquirió la fábrica de CosmHogar en Rubí, propiedad hasta entonces de la compañía estadounidense Stanhome, a través de Alpha Private Equity Group —antecesor de Berggruen Holdings— sin pagar una sola peseta: acordó que el pago (4,2 millones) lo generaría la venta posterior de una parcela de la misma empresa. Es decir, se quedó con la empresa utilizando ya de entrada en beneficio propio los activos de la compañía que estaba adquiriendo.

En aquel momento CosmHogar era una empresa viable, pero los nuevos gestores fueron vendiendo sus principales activos y desviando, a través de créditos y otros pagos extravagantes, fondos de la empresa hacia otras actividades de sus nuevos dueños.

Sin caja y descapitalizada, la empresa acabó solicitando el concurso de acreedores en 2006 y fue liquidada en 2007. Las mismas sentencias detallan estas operaciones de «vaciado», que en total superaron los ocho millones de euros. Por ejemplo, entre 2000 y 2002, la firma otorgó créditos sin garantías por valor de 2,3 millones de euros a Evolution Portals 1 SL, controlada por los mismos administradores y radicada en Holanda, para el desarrollo de una fallida herramienta de Internet llamada Scoobi, sin ninguna relación con la cosmética, el sector al que teóricamente se dedicaba CosmHogar.

En 2000, la empresa alquiló una vivienda de lujo en Calvià (Mallorca) a la misma Evolution Portals 1 SL, a la que abonó en dos años 111.545 euros por este concepto. En 2002, pagó a las firmas inglesas Mastershield Ltd. y Superdirect Communications Ltd. setenta y tres mil euros sin contraprestación de servicios, según la sentencia.

En 2003, CosmHogar vendió una de las dos naves de su propiedad y con lo recaudado abonó seiscientos treinta mil euros a cuatro empresas del entramado de Berggruen, siempre según la investigación judicial.

Extenuada, descapitalizada y sin un euro en la caja, una filial del grupo de Berggruen vendió en 2004 la empresa por un euro a Filira XXI, S. A. constituida solo tres meses antes por familiares del administrador de CosmHogar colocado por el financiero.

El final estaba cantado: ERE, concurso de acreedores y liquidación.

Pero el epílogo ha sido menos previsible: los obreros siguen luchando por su indemnización y han logrado el respaldo del Tribunal Supremo, mientras que, paradójicamente, el dueño del
hedge fund
del «desguace»
se sienta en el Consejo de Administración de
El País
y
Le Monde
, dos de los periódicos de referencia de la progresía europea. Todo un sarcasmo si además se tiene en cuenta cómo el rico financiero trataba antes a la prensa: en una ocasión, cuando una revista holandesa trató de publicar un perfil suyo, compró toda la tirada e hizo destruir los ejemplares, según
The
Wall Street Journal
.
5

Sin embargo, a diferencia de lo que muchos creen, Nicolas Berggruen no es el dueño del grupo Prisa, sino solo el tiburón de Wall Street que olió la sangre y se lanzó a por la presa herida, de la que controla apenas el 2 por ciento.

En 2010, la deuda del grupo dirigido por Juan Luis Cebrián superaba los cinco mil millones de euros y tenía los mercados cerrados. En paralelo, el financiero Berggruen contaba con seiscientos cincuenta millones de euros prestados —cedidos por los fondos de inversión a cambio de una gran operación— y no sabía cómo gastarlos.

El Cebrián desesperado y el Berggruen hambriento se encontraron y consumaron la operación: un
win-win
para ellos, pero un pésimo negocio para lectores, accionistas y trabajadores.

Con el pacto, Cebrián se aseguró
cash
, un blindaje de tres años y una retribución de ensueño en plena cuesta abajo: en 2011, el grupo perdió cuatrocientos millones pero él se embolsó doce.

Por su parte, Berggruen pudo cerrar con éxito su SPAC y cobrar la suculenta comisión preceptiva en lugar de devolver los fondos prestados con intereses. Y también logró un rendimiento del 7 por ciento para las acciones especiales de Prisa suscritas por los fondos de Liberty —o sea, también las suyas—, que durante tres años rinden a este porcentaje en una empresa con problemas de liquidez y que lleva más de un lustro sin abonar dividendos a los accionistas de toda la vida.

Además, con el acuerdo con Prisa —y, por tanto, con
El País
y
Le Monde
—, Berggruen compró el prestigio intelectual que busca desesperadamente desde que hace años tuvo una crisis existencial y decidió que lo único importante en la vida es dejar huella: vendió todas sus casas, se instaló en hoteles de superlujo —de ahí lo del
homeless billionare—
y decidió pasar a la historia de la filosofía y la política sin reparar en gastos.

De adolescente, el hijo del marchante de Pablo Picasso coqueteó con la extrema izquierda sartriana y existencialista —o eso cuenta él—, pero ahora sus ideas no son tan revolucionarias: es partidario de algo parecido a una democracia censitaria, en la que los «consejos de sabios» orienten al pueblo porque, según explicó al semanario alemán
Der Spiegel
, «los electores no tienen todo el conocimiento necesario».
6

A construir esta especie de «consejos de sabios» —en California, en Europa, en África— está dedicando muchos fondos procedentes del
think-tank
que creó, el Instituto Berggruen, en el que tiene en nómina a muchos ex políticos e intelectuales que suelen proceder de la red de contactos de Cebrián, de
El País
o del PSOE: Felipe González, Carlos Henrique Cardoso, Ricardo Lagos, Gerhard Schröder, Gordon Brown, Pascal Lamy y hasta Joseph Stiglitz.

Seguro que al elenco de notables no les debe ni un euro. Y seguro también que ninguno de estos progresistas tan bien retribuidos le ha preguntado jamás por los obreros de CosmHogar.

 

 

El País
de La Caixa y el Opus

 

Puede parecer un sarcasmo, pero es otro efecto colateral de la crisis financiera de Prisa: el diario
El País
, histórico referente del laicismo y el progresismo en España, está ahora tomado por el Opus Dei.

El origen de la paradoja es la insoportable deuda que sigue ahogando al grupo, incluso tras la polémica operación de Liberty, al situarse aún por encima de los tres mil quinientos millones de euros. La última Junta de Accionistas, en julio de 2012, aprobó la conversión en capital de parte del crédito puente suscrito con varias entidades ante la imposibilidad de pagarlo. Con ello, el Banco Santander, CaixaBank y el HSBC ya no son solo acreedores, sino que se han convertido en los accionistas de referencia de la empresa.

El
pool
de nuevos propietarios está liderado por CaixaBank, lo que ha provocado encontronazos entre el banco catalán y el que dirige Emilio Botín, también con ganas de meter mano al diario de referencia en España. Y ha agrandado las diferencias entre el presidente de Prisa, Juan Luis Cebrián, y uno de sus principales colaboradores históricos, Matías Cortés, muy bien conectado con el financiero cántabro y tras el pulso desplazado de la comisión ejecutiva del grupo de comunicación, en la que sigue Alain Minc, consejero de Caixabank.

La nueva preponderancia del banco de La Caixa ha llegado aparejada de la mayor influencia que el entorno del Opus Dei ha tenido nunca en el gran diario de los progresistas en España. Su presidente, Isidro Fainé, es, según un perfil publicado en 2007 por el propio
El País
, «un hombre de profundas convicciones religiosas próximo al Opus Dei». Y a él se atribuye el nombramiento y ascenso de Fernando Abril-Martorell, consejero delegado de Prisa y hombre fuerte del Consejo de Administración, también próximo al Opus, devoto de misa diaria, con seis hijos y esposa en la órbita de los Legionarios de Cristo.

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