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Authors: Brandon Sanderson

Tags: #Fantástico

El Héroe de las Eras (65 page)

Sazed hizo una pequeña anotación en su diagrama, comparando medidas del curso de agua. Por lo que decía, el Lord Legislador no había tenido que esforzarse mucho para crear el lago subterráneo. El agua fluía ya hacia la caverna. Los ingenieros del Lord Legislador simplemente habían ensanchado los pasadizos, causando un flujo más firme y seguro que superó el desagüe natural.

El resultado fue un acuífero de buen tamaño. Unas máquinas en una caverna lateral resultaron ser un mecanismo para cubrir los desagües del fondo, posiblemente para impedir que la reserva de agua escapara, si algo sucedía al flujo que llegaba. Por desgracia, no había forma de bloquear la entrada.

Antes de que el Lord Legislador creara la reserva, sólo una pequeña cantidad de agua llegaba a la caverna. El resto fluía hacia lo que ahora eran las calles, llenando los canales. Así, Sazed supuso que si podía impedir que el agua entrara en la caverna, podría volver a llenar los canales.

Necesito saber más sobre la presión del agua
, pensó,
para así poder proporcionar el peso suficiente para taponar la entrada
. Le había parecido ver un libro sobre el tema en su mente de metal.

Se acomodó en su asiento y la decantó. El recuerdo floreció dentro de su cabeza mientras recuperaba una sección del texto: un índice que había creado con los títulos de los libros que tenía guardados. En cuanto recuperó el texto, las palabras fueron tan claras como si acabara de memorizarlas. Repasó la lista rápidamente, buscando el título que necesitaba. Cuando lo encontró, lo anotó en un papel. Entonces, volvió a guardar la lista en su mente de metal.

La experiencia era extraña. Después de guardar la lista, recordaba haber sacado el material… pero no lo que contenía el índice. Había un hueco en su mente. Sólo las palabras escritas en el papel explicaban cosas que había sabido unos pocos segundos antes. Con ese título, podía recuperar el libro adecuado en su totalidad. Seleccionó los capítulos que quería, y luego volvió a guardar el resto en su mentecobre, para que no se estropeara.

Y, con esos capítulos, su conocimiento de la ingeniería era tan fresco como si acabara de leer y estudiar el libro. Calculó fácilmente los pesos y equilibrios adecuados que necesitaba para crear barreras que, según esperaba, devolverían el agua a las calles de arriba.

Trabajó solo, sentado ante un hermoso escritorio robado, con un farol que iluminaba la caverna a su alrededor. Incluso con el conocimiento proporcionado por las mentecobres, era un trabajo difícil, con muchos cálculos, no exactamente el tipo de investigación al que estaba acostumbrado. Por fortuna, las mentecobres de un guardador no se limitaban a sus propios intereses. Cada guardador mantenía todo el conocimiento. Sazed recordaba vagamente los años que había pasado escuchando y memorizando. Sólo necesitaba conocer la información lo bastante bien para recordarla a muy corto plazo, y así poder verterla en una mentecobre. De esa forma, era a la vez uno de los hombres más sabios y más ignorantes que habían vivido jamás: había memorizado mucho, pero intencionadamente lo había olvidado todo.

De todas formas, tenía acceso a textos sobre ingeniería además de religión. Saber sobre esas cosas no lo convertía en un arquitecto o un matemático brillante, pero le daba suficiente competencia para llegar a ser mucho mejor que un profano.

Y, mientras trabajaba, le resultaba cada vez más difícil negar que la erudición era algo en lo que destacaba. No era un líder. No era un embajador. Aunque servía como embajador jefe de Elend, se había pasado gran parte del tiempo repasando las religiones. Ahora, cuando debería estar dirigiendo el equipo de Urteau, dejaba que Fantasma asumiera cada vez más liderazgo.

Sazed era un hombre de investigación y de letras. Era feliz con sus estudios. Aunque la ingeniería no fuera una materia con la que disfrutara especialmente, la verdad era que prefería estudiar, fuera cual fuese el tema, a hacer otra cosa.
¿Es vergonzoso ser el hombre al que gusta proporcionar información para los demás, en vez de ser el que tiene que usar esa información?

El golpe de un bastón en el suelo anunció la llegada de Brisa. El aplacador no necesitaba bastón para caminar, pero le gustaba llevar uno para parecer más caballeresco. De todos los ladrones skaa que Sazed había conocido, Brisa era con diferencia quien mejor imitaba a los nobles.

Sazed tomó rápidamente unas cuantas notas más, y luego devolvió los capítulos sobre la presión del agua a su mentecobre. No hacía falta que se deterioraran mientras hablaba con Brisa. Porque, por supuesto, Brisa querría hablar. Y en efecto, en cuanto se sentó a la mesa de Sazed, echó un vistazo a los diagramas y arqueó una ceja.

—Eso está quedando muy bien, mi querido amigo. Tal vez hayas perdido tu vocación.

Sazed sonrió:

—Eres muy amable, Lord Brisa, aunque me temo que un ingeniero consideraría que este plan es horrible. Con todo, creo que será suficiente.

—Entonces ¿crees que podrás hacerlo? ¿Conseguir que las aguas fluyan como pidió el muchacho? ¿Es posible?

—¡Oh!, es bastante posible —dijo Sazed—. La dificultad es mi experiencia, no la plausibilidad de la tarea. Las aguas llenaron una vez esos canales, y pueden volver a hacerlo. De hecho, creo que su regreso será mucho más espectacular que la corriente original. Antes, gran parte del agua se desviaba ya por estas cavernas. Yo debería poder bloquearla en su mayoría y devolverla a la superficie con bastante potencia. Naturalmente, si Lord Fantasma desea que los canales sigan fluyendo, tendremos que dejar que parte del agua vuelva a escapar hacia aquí. Los canales en general no tienen mucha corriente, sobre todo en una zona donde hay muchas compuertas.

Brisa arqueó una ceja.

—De hecho —continuó Sazed—, los canales son mucho más fascinantes de lo que cabría esperar. Pongamos, por ejemplo, los métodos para transformar un río natural en un canal, creando lo que se llama una navegación, o quizá los métodos de drenaje usados para quitar la ceniza y los sedimentos de las profundidades. Tengo un libro concreto del tristemente célebre Lord Fedre, quien, a pesar de su reputación, era un genio absoluto en lo referente a arquitectura de canales. Hasta he tenido que… —Sazed guardó silencio, y luego sonrió débilmente—. Pido disculpas. No te interesa esto, ¿verdad?

—No —dijo Brisa—, pero me basta con que a ti sí, Sazed. Es bueno verte entusiasmado de nuevo con tus estudios. No sé en qué estabas trabajando antes, pero siempre me molestó que no lo compartieras con nadie. Parecía que casi te avergonzabas de lo que estabas haciendo. Ahora, sin embargo… ¡éste es el Sazed que yo recuerdo!

Sazed miró sus notas y diagramas garabateados. Era cierto. La última vez que le había entusiasmado tanto una línea de estudio fue…

Cuando estaba con ella. Trabajando en su recopilación de mitos y referencias sobre el Héroe de las Eras.

—Lo cierto, Lord Brisa, es que me siento un poco culpable.

Brisa miró al techo:

—Sazed. ¿Siempre tienes que sentirte culpable por algo? En la banda original, considerabas que no hacías lo suficiente para ayudarnos a derrocar al Lord Legislador. Luego, cuando lo matamos, estabas inquieto porque no hacías lo que los otros guardadores te decían. ¿Quieres explicarme exactamente por qué te sientes culpable nada menos que por estudiar?

—Lo disfruto.

—Eso es maravilloso, mi querido amigo —dijo Brisa—. ¿Por qué avergonzarte de ese disfrute? No es que te guste matar cachorritos o algo por el estilo. Cierto, creo que estás un poco loco, pero si quieres disfrutar de algo tan particularmente esotérico, entonces adelante. Eso deja más espacio a quienes preferimos placeres más corrientes… como emborracharnos con los mejores vinos de Straff Venture.

Sazed sonrió. Sabía que Brisa estaba empujando sus emociones, haciendo que se sintiera mejor, pero no se rebeló contra las emociones. La verdad era que sí se sentía bien. Mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo.

Aunque…

—No es tan sencillo, Lord Brisa —dijo Sazed, soltando su pluma—. Me siento feliz de poder estar aquí sentado y leer, sin tener ninguna responsabilidad. Por eso me siento culpable.

—No todo el mundo está hecho para ser líder, Sazed.

—No, pero Lord Elend me encargó proteger esta ciudad. Debería estar planeando derrocar al Ciudadano, y no dejar que Lord Fantasma lo haga.

—¡Mi querido amigo! —exclamó Brisa, inclinándose hacia delante—. ¿Es que no te he enseñado nada? ¡Estar al mando no consiste en no hacer nada: es asegurarte de que los demás hagan lo que se supone que tienen que hacer! Hay que delegar, amigo mío. ¡Sin eso, tendríamos que cocer nuestro propio pan y cavar nuestras propias letrinas! Y, confía en mí: no querrás probar nada que yo haya tenido que tocar para cocer. Jamás. Y menos aún después de haber limpiado una letrina.

Sazed sacudió la cabeza:

—No es esto lo que Tindwyl habría querido de mí. Respetaba a los líderes y los políticos.

—Corrígeme si me equivoco, pero ¿no se enamoró de ti, y no de un rey o príncipe?

—Bueno, decir que fue amor tal vez…

—Venga, Sazed. Estabais tonteando igual que un adolescente con su nueva novia. Y, aunque ella era un poco más reservada, te amaba. No hacía falta ser aplacador para darse cuenta de eso.

Sazed suspiró y bajó la cabeza.

—¿Es esto lo que ella habría querido de ti, Sazed? —preguntó Brisa—. ¿Que niegues lo que eres? ¿Que te conviertas en otro ocioso político?

—No lo sé, Lord Brisa —contestó Sazed en voz baja—. Yo… la he perdido. Tal vez por eso puedo recordarla implicándome en lo que ella amaba.

—Sazed —dijo Brisa con franqueza—, ¿cómo es que puedes ser tan sabio en muchas áreas, y a la vez tan completamente estúpido en esto?

—Yo…

—Un hombre es aquello por lo que siente pasión. He descubierto que, si renuncias a lo que más quieres por lo que piensas que deberías querer más, acabarás sintiéndote inútil.

—¿Y si lo que yo quiero no es lo que necesita la sociedad? A veces, tenemos que hacer lo que no nos gusta. Es un simple hecho de la vida, creo.

Brisa se encogió de hombros:

—Yo no me preocupo por eso. Simplemente hago aquello en lo que soy bueno. En mi caso, eso es hacer que otra gente haga las cosas que yo no quiero hacer. En el fondo, todo encaja.

Sazed sacudió la cabeza. No era tan sencillo, y su depresión no estaba relacionada solamente con Tindwyl y su muerte. Había pospuesto su estudio de las religiones, pero sabía que regresaría a ellas. El trabajo en los canales era una distracción que agradecía, pero ni así. Sazed sentía que sus conclusiones y su trabajo anterior acechaban.

No quería descubrir que las últimas religiones del grupo carecían de respuestas. En parte, por eso le resultaba tan relajante estudiar otra cosa, pues la ingeniería no amenazaba su visión del mundo. Sin embargo, no podía distraerse eternamente. Tarde o temprano, encontraría las respuestas, o la falta de respuestas. Su cartapacio estaba bajo la mesa, apoyado contra el saco de mentes de metal.

Sin embargo, por ahora, se permitió un respiro. Pero incluso con su preocupación por las religiones aplacada por el momento, había otras preocupaciones que debía atender. Asintió en dirección al lago. Fantasma, apenas visible, estaba en la orilla, hablando con Goradel y algunos de los soldados.

—¿Y qué hay de él, Lord Brisa? —preguntó Sazed en un susurro, tan bajo que ni siquiera Fantasma podría oírlo—. Como decía, el emperador Venture me puso al mando de este asunto. ¿Y si dejo que Fantasma tome el control, y luego fracasa? Temo que el joven no esté… lo bastante maduro para esta tarea.

Brisa se encogió de hombros:

—Hasta ahora parece estar haciéndolo bien. Recuerda lo joven que era Vin cuando mató al Lord Legislador.

—Sí —susurró Sazed—, pero esta situación es diferente. Fantasma parece… raro, últimamente. Nos oculta cosas. ¿Por qué está tan decidido a tomar esta ciudad?

—Creo que es bueno que el muchacho muestre un poco de determinación —dijo Brisa, sentándose de nuevo—. El chico ha sido demasiado pasivo casi toda su vida.

—¿No te preocupa su plan? Podría derrumbarse a nuestro alrededor.

—Sazed, ¿recuerdas nuestra reunión de hace unas semanas? Fantasma me preguntó por qué no podíamos derribar a Quellion como hicimos con el Lord Legislador.

—Lo recuerdo —contestó Sazed—. Le dijiste que el motivo era que ya no teníamos a Kelsier.

Brisa asintió.

—Bien —dijo en voz baja, señalando a Fantasma con su bastón—, he cambiado de opinión. No tenemos a Kelsier, pero cada vez me da más la impresión de que tenemos algo similar.

Sazed frunció el ceño:

—No estoy diciendo que el muchacho tenga la fuerza de personalidad de Kelsier. Su… presencia. Sin embargo, ya has oído la reputación que se está ganando entre la gente. Kelsier tuvo éxito no por ser quien era, sino por lo que la gente pensaba que era. Eso es algo que yo nunca creí que pudiéramos repetir. Empiezo a pensar que me equivocaba.

Sazed no estaba tan convencido. Sin embargo, se guardó sus reservas mientras volvía a la investigación. Fantasma debía de haberlos advertido mirándolo, pues unos minutos después se acercó a la mesa. El muchacho pestañeó contra la luz del farol, por suave que ésta fuera, y acercó una silla. En comparación con las filas de estantes utilitarios y polvorientos, a Sazed los hermosos muebles le parecían extraños.

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