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Authors: Leandro Palencia

Hollywood queer (6 page)

En los años noventa se produce un curioso cambio. Si antes la censura provenía de afuera ahora esta se pedirá desde el interior del colectivo, la comunidad homosexual. Esta se hace consciente de que las películas son un vehículo que pueden expresar alienación, es decir, provocar una pérdida del sentimiento de la propia identidad. De ahí la necesidad de una política de la representación que reclame la tolerancia, la igualdad y la integración. La necesidad de ofrecer una visión positiva de la homosexualidad, para educar a la sociedad en la aceptación de la misma. Y es que el cine es el mejor medio con el que modificar actitudes basadas en el prejuicio y en la desinformación. Desde pretensiones jurídicas-morales se exigirá y se querrá controlar las imágenes que se eligen de ellos mismos para caracterizarlos, hasta el activismo contra aquellas películas que como
Instinto básico o Braveheart
(Mel Gibson, 1995), no cumplen sus expectativas. Las imágenes positivas demandan que se retrate a homosexuales como políticamente correctos: ciudadanos normales, educados, inteligentes, integrados, destacando en su profesión, felices, sin problemas respecto a su condición sexual, etc. Lo que para algunos activistas no sería tanto representar la verdadera homosexualidad como una fantasía de la utópica comunidad homosexual, un mundo alternativo lleno de nuevos estereotipos.

Hay que reconocer que por sí mismas las imágenes positivas no van a acabar con la opresión y la represión y traer la normalización y la tolerancia. Que ninguna imagen positiva funciona en un contexto realmente homofóbico. Y reconocer que aquellas películas que tradicionalmente han atacado cierto activismo —películas como
La calumnia, El asesinato de la hermana George, A la caza
o
El ansia
(Tony Scott, 1983), por poner sólo unos ejemplos— fueron osadas y progresistas en la época de su.estreno. Como dice Ellis Hanson, en esas y otras obras, se encuentran logradas caracterizaciones, personajes seductores, interpretaciones inspiradas, complicadas narrativas del deseo y una intensidad erótica nunca vista hasta entonces. Todo ello mucho más allá del estereotipo.

EN LA ACTUALIDAD

El cine aún mantiene una posición de privilegio dentro de la comunidad
queer,
sobre todo por el peso de los festivales
queer,
lesbianos, gays, transexuales y bisexuales (QLGTB), más de 150 en todo el mundo. En la actualidad el cine mayoritario y comercial ha dejado de ser crucial en las opciones de entretenimiento dentro del contexto audiovisual. Asistir al cine ha pasado a ser una actividad de ocio de las clases medias urbanas y con estudios frente al espectáculo interclasista que fue durante el cine clásico o el de obreros e inmigrantes en los orígenes del cine. Ahora no todos los espectadores se encuentran en las salas de cine y están también delante de la televisión, el video o el DVD. Más que nunca la interpretación de un texto cinematográfico es un acto cultural o social en lugar de uno individual.

Si, como recuerda Manuel Palacio, cada texto y cada espectador posee un determinado sentido social y político, el significado del texto es una negociación por parte de cada espectador. Es decir, que cada espectador
ve
una película según su experiencia. Género y preferencia sexual forman parte de esa subjetividad que permite apropiarse y transformar las figuras y los temas ofrecidos por el cine heterosexual a través de multivalentes y plurales lecturas homosexuales que ven, interpretan o leen los textos cinematográficos no de forma fija y homogénea sino según su identidad sexual, sus diferencias sociales y sus relaciones culturales. A veces con resistencia crítica o desde un compromiso político pero siempre ofreciendo lecturas que enseñan a ver significados de manera distinta.

En EE.UU. no faltan medios de expresión y de comunicación del colectivo
queer,
lo que en el caso de los gays les ha llevado a elaborar ciertas "lecturas alternativas" de los textos en que se encuentran elementos de su propia cultura, como Greta Garbo o Judy Garland. Es decir, que los espectadores
queer
han desarrollado ciertos mecanismos de defensa para combatir la heteronormatividad a la vez que la proclama y la utiliza como
queer.
Lo que a veces motiva que aprecien signos
queers
en todo lo que ven, por muy insignificante que sea. O que valoren personajes y situaciones que juzgan como gestos de desafío social y sexual, como pasa con el personaje de la Sra. Danvers en
Rebeca
(Alfred Hitchcock, 1940). O que se sirvan de elementos paraculturales o extratextuales, es decir, elementos fuera de las propias películas, como la rumorología sobre la sexualidad de los actores, para minar los códigos heterosexuales que encarnan, caso de Rock Hudson. O que simplemente conviertan a esas imágenes en algo
camp.
Como dice Pam Cook, ante la histórica ausencia de imágenes positivas homosexuales estos espectadores han actuado en la forma del "bricolage". Es decir, cogiendo representaciones heterosexuales y poniéndolas a su servicio en un proceso flexible de negociación con los códigos y paradigmas heterosexuales que no tenían que ser ciertos en el momento social en el que el espectador producía su descodificación. O en palabras de Janet Staiger, a menudo el espectador gay utiliza estrategias alternativas de interpretación de las películas para producir significados más afines con su posición histórica y social de identificación homosexual.

El espectador gay activa frecuentemente referencias extracinematográficas de su propia experiencia social para encontrar paralelismos entre la misma y los elementos textuales de las películas. Diferentes espectadores producirán diferentes lecturas de un mismo texto. Porque, a pesar de los arquetipos, roles, funciones y procesos discursivos con los que se ha querido declarar que existe una identidad homosexual homogénea e inconfundible, ésta no es tal. La identidad homosexual es múltiple y contradictoria. No es posible hablar de un modo de ser homosexual ni de que la homosexualidad sea una cosa evidente por sí misma. Ni de que una exclusiva identidad sea representativa de un grupo. Los repertorios de gestos, expresiones, posturas, vestimentas, peinados, ambientes, etc. que han querido hacer de lo homosexual algo visible y específico sólo han sido construcciones sociales e históricas intentado definir qué es lo que se debía asumir como homosexual. Algo siempre opuesto a lo óptimo heterosexual.

ESTE DICCIONARIO

Como indica Alberto Mira, homosexualidad y cine se han relacionado en tanto que representación, sujetos creadores y público. Este diccionario pretende ser una guía, un pequeño paseo a través de una serie de profesionales, películas y temas. Tiene un interés por tanto en las biografías como en los textos que esos sujetos han producido. En el tratamiento que las películas han ofrecido de lo homosexual. Y en las actitudes culturales y sociales hacia lo homosexual. Y que todas esas entradas se registren y vayan subordinadas a un contexto
queer,
para que el desarrollo de esta historia del cine homosexual no se quede en un trabajo de simple enumeración, en un repertorio de hechos espectaculares y divertidos.

Ninguna de las entradas ha pretendido el
outing,
exponer la vida privada de las personas que por diversos motivos esconden su identidad sexual. Escándalo que parece entusiasma a los heterosexuales, pero que desde 1989 también han ejercido grupo radicales como
Queer Nation,
afectando a actores como Debra Winger, Tom Selleck, John Travolta, Whitney Houston, Richard Gere, Jodie Foster o Richard Chamberlain. Todos los cuales lo negaron en su momento. Otros sospechosos habituales son Clint Eastwood (su amante durante trece años, Sondre Locke, estuvo casada con un gay declarado a quien Eastwood le compró una casa), Tom Cruise (de quien se dice que sus matrimonios y parejas son una farsa en la que permanece célibe), Eddie Murphy (según
Geoff
Gann, travesti y actor de cine porno, ambos se practicaron una felación en 1990), Burt Reynolds (vivió doce años con su amigo, el especialista y director Hal Needham), Kevin Spacey (su hermano Randy Fowler asegura que lo es porque su padre era un miembro del partido nazi adicto a la pornografía que le violó repetidamente de niño además de darle palizas) o Timothy Hutton (a quien le gustan los
ménage à trois
con chico y chica). Quien es objeto de rumores a menudo se convierte en una figura privilegiada con la que los homosexuales se identifican. Figura que se vuelve protagonista de las fantasías de los homosexuales al renegociar estos con significados alternativos las obras en que se inscriben. Caso de
El silencio de los corderos
(Jonathan Demme, 1991), en la que se entendió que Jodie Foster interpretaba a la lesbiana perfecta.

Hay que tomar con absoluto respeto las elecciones vitales de cada cual reconociendo que otros se rebelaron contra los patrones establecidos. Por otra parte, hay que ser conscientes de que la sexualidad no es la explicación definitiva para comprender los misterios más profundos de la personalidad humana o de las obras que producen. Que la sexualidad de los responsables de una película no tiene porqué influir en su trabajo. Ni que el buen o el mal cine es cuestión de sexualidad. Lo que importa es la calidad del trabajo y no el sexo ni la orientación sexual de la persona. Nunca se debe elevar el
gaydar
o el chismorreo a la condición de crítica cinematográfica. Saber que una persona es homosexual tiene una importancia relativa, ya que cada persona está por encima de su sexualidad. Por eso es interesante anotar que la mayoría de los medios de comunicación y de la opinión pública contempla a los homosexuales de las películas exclusivamente como seres sexuales y no como seres humanos y cuando se refieren a sus películas lo hacen como películas de homosexuales y nunca, por ejemplo, como películas de amor. Prueba de racismo sexual que se niega a considerar la identidad homosexual y el amor por el mismo sexo como equivalente al heterosexual. Por otro lado, no hay monopolio de campo ni hay que ser homosexual para analizarla.

Una de las primeras cosas que aprende rápidamente un homosexual es la forma de actuar/disimular como un heterosexual. Éste no necesitará nunca proclamar que lo es pero tarde o temprano un homosexual deberá tomar la decisión de confesarlo. Acto que supuestamente incomoda a los heterosexuales pues cuando un homosexual revela que lo es, el heterosexual se siente obligado a repensarse como heterosexual y a plantearse la cuestión sobre la identidad y el orden social que le ha constituido. Varias de las personas incluidas en este diccionario jamás se declararon como homosexuales, especialmente en aquellos casos en que se negaron a hablar de su vida privada. Fuera rumoreada o conocida su condición en la industria del entretenimiento. Y en otros casos es difícil si no imposible asegurar que lo fueran, porque nadie realmente lo puede saber si tú no permites que se conozca.

Porque han sido ignorados sino despreciados, y raramente se les ha reconocido o hablado abiertamente este diccionario pretende reivindicar la significativa contribución de los homosexuales en todos los aspectos del cine, especialmente el realizado en Hollywood. Reclama su visibilidad con una mirada de respeto y tolerancia para sacarlos del silencio, la clandestinidad y el malditismo al que han sido abocados. Si se centra en las producciones comerciales y mayoritarias es porque las de otro tipo, como las de vanguardia y experimentales, raramente se pueden visionar si no es en circuitos de festivales o filmotecas. Aunque el fenómeno de Internet está cambiando las cosas. Por eso, los nombres y películas que aquí se tratan se refieren al cine estadounidense más que a cualquier otro.

Este diccionario se orienta a todos los aficionados al cine para satisfacer la curiosidad más plural. Reúne una gran cantidad de informaciones, datos y opiniones tratando de ser un trabajo de divulgación y de referencia en el que a la vez de exigente sea lúdico. Toda elección es subjetiva y la mía de nombres y películas ha intentado resaltar o el impacto que pudieran tener para la sensibilidad homosexual o en la mitología de la época. Incluye representaciones homófobas porque una historia del cine
queer
no sólo está compuesta de imágenes positivas ni la hacen gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, etc. De hecho, una historia del cine
queer
englobaría siempre tanto a las imágenes que el cine mayoritario hace de la homosexualidad como a las de los cineastas
queer
que trabajan independientemente y en oposición a las anteriores. La historia del cine
queer
transcurre no sólo desde la liberación homosexual sino que la aparición de esta liberación dotó a la historia del cine
queer
de una politización de la que antes carecía.

Es imposible ser exhaustivo, pero cruzo los dedos porque no haya omisiones importantes y/o demasiadas lagunas (agradezco de antemano al lector cuantas observaciones y sugerencias me quieran hacer llegar a
[email protected]
). He de advertir que por cuestiones de extensión tuvo que reducirse buena parte del manuscrito original, sobre todo las entradas dedicadas al análisis específico de películas y varias temáticas.

No toda película que se promocione como homófila —el gusto o la atracción positiva hacia lo homosexual— efectivamente lo es. Por ejemplo,
Salir del armario
(Francis Veber, 2000) moviliza estereotipos del gay como corruptor de menores, del odio instintivo de las mujeres hacia ellos, de cómo aquellas se excitan pensando en llevarlo por el buen camino, etc. Trata de Pignol (Daniel Auteuil), un hombre tímido e insignificante que debe hacerse pasar por gay para que no lo despidan gracias al "previsible" boicot del
lobby
rosa y a que las demandas de lo políticamente correcto le den un extra por ser como es, gay. A Pignol se le ridiculiza como víctima a lo largo de la cinta y al final dirá «desde que empecé a pasarme por homosexual empecé a comportarme como un hombre». Con lo que inconscientemente reconoce que ahora es un hombre de verdad que no resulta ser gay. Por otra parte, no queda muy claro si su bruto compañero Félix (Gérard Depardieu) es realmente un gay reprimido. Pero sí que el cortejo entre dos hombres debe considerarse grotesco y que si a un machote como Félix se le despierta su lado sensible se le castrará su virilidad y se transformará en un memo inútil. En todo caso, esta película muestra bien como la vida privada puede influir en la pública. No importa si Pignol es realmente gay, lo que importa es lo que crean los demás. No necesitará tanto fingir como que los demás se dejen llevar por las sospechas de sus gestos, sus miradas, su forma de caminar, etc. Pese a ello,
Salir del armario
resulta una película de lo más tópica y espantosamente reaccionaria. Lo homófilo también engloba a películas que aunque no incluyen ni explícitos ni implícitos personajes homosexuales pueden contener sorprendentes subtextos, como las protagonizadas por el tándem Paul Newman/Robert Redford o las de camaradas tipo
Top Gun/Idolos del aire
(Tony Scott, 1986). Aunque hay que ser prudentes al afirmar un contenido homosexual no expresado, pues a veces parece más una cuestión de lo que el comentarista quiere ver que de una exposición escondidamente real de lo que se alega.

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