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El problema de seguir las reglas era que como estrategia no resultaban demasiado buenas. Ese escenario significaba que un piloto tenía que vérselas con cinco TIE —dos globos oculares y tres incautos— sin contar con ninguna ayuda,y que luego tenía que virar en redondo para enfrentarse a cinco más. Incluso con los enemigos aproximándose en oleadas, las probabilidades de tener éxito contra tal superioridad numérica eran casi inexistentes.

Hacerlo de cualquier otra manera significaba el desastre. «Y además ¿qué hijo leal de Corellia se ha preocupado nunca por lo que digan las probabilidades?».

—Vamos a seguir las reglas. Mantened encendidos los fuegos del hogar y entrad en acción después de que yo haya acabado.

—Entendido. Buena suerte.

—Gracias.

Corran alzó la mano derecha y la puso encima del amuleto de la suerte colgado de una cadena que llevaba en el cuello. Los guantes y la gruesa tela blindada de su traje de vuelo hacían que apenas pudiera percibir el contacto de la moneda, pero la sensación familiar del metal reposando sobre su esternón hizo que sus labios se curvaran en una sonrisa. «A ti te fue muy útil, papá. Esperemos que sus reservas de suerte no se hayan agotado…».

Corran estaba dispuesto a admitir que había confiado considerablemente en la suerte para que le permitiera superar las dificultades que suponía hacerse un hueco en las fuerzas de la Alianza. Aprender la jerga ya exigía un cierto trabajo: después de todo, pasar de referirse a los cazas estelares TIE como «globos oculares» a llamar «bizcos» a los interceptores tenía cierta lógica, pero muchos otros términos habían nacido de una lógica que se le escapaba. Todos los aspectos de la Rebelión parecían muy extraños en comparación con su vida anterior, y adaptarse a ella no había resultado nada fácil.

«Como tampoco va a serlo salir triunfador de este escenario…».

El
Korolev
se materializó y empezó a avanzar hacia el
Redención
, lo que hizo que Corran iniciara su última comprobación. Había repasado mentalmente aquel escenario una y otra vez. En misiones anteriores, cuando había servido de guardián y protector al papel de «sabueso de la flota» interpretado por otro, había hecho que Silbador registrara todos los datos posibles sobre los estilos de vuelo, vectores de ataque y pautas temporales de los TIE. Los TIE eran pilotados por cadetes distintos en cada simulación, pero su comportamiento siempre venía dictado por las características técnicas del aparato, y además una gran parte de su secuencia de ataque inicial había sido preprogramada.

Un estridente graznido de Silbador informó a Corran de la llegada del
Furor Guerrero
.

—Once kilómetros a popa, ¿eh? Estupendo… —Corran desplazó la palanca de control hacia la derecha e hizo que el ala-X describiese un amplio viraje. Cuando llegó al final de la maniobra, puso los impulsores a máxima potencia. Pulsando otro interruptor de la derecha, colocó los estabilizadores-S en posición de ataque—. Verde Uno iniciando el enfrentamiento.

La voz de Rhysati surgió de la radio, tranquila y firme.

—Cae sobre ellos como un diluvio de babas encima de un hutt.

—Lo haré lo mejor que pueda, Verde Tres.

Corran sonrió e hizo oscilar suavemente el ala-X mientras atravesaba la formación de la Alianza y avanzaba hacia el
Furor Guerrero
. Silbador anunció la aparición de tres bombarderos TIE mediante una suave nota musical, y después elevó un poco el volumen del sonido cuando dos cazas TIE se unieron a ellos.

—Clasifica los bombarderos como blancos uno, dos y tres, Silbador.

Mientras la unidad R2 obedecía esa orden, Corran puso el escudo frontal a máxima potencia e hizo aparecer su programa de puntería láser en el monitor principal. Ajustó el dial de calibración de puntería de la palanca con la mano izquierda y captó a los dos cazas. «Parece que hay como unos tres kilómetros de separación entre los globos oculares y los bombarderos… Bueno, podría ser peor».

La mano derecha de Corran rozó la moneda suspendida debajo de su traje de vuelo. Después respiró hondo, exhaló lentamente el aire y puso la mano sobre la palanca de control, y luego permitió que su pulgar quedara suspendido encima del botón del sistema de fuego. A dos kilómetros de distancia, el monitor hizo aparecer una caja amarilla alrededor del primer caza TIE. La caja se volvió verde cuando la imagen del caza quedó rodeada por la cruz de puntería del sistema, y el estridente canturreo de Silbador llenó la cabina. El pulgar de Corran descendió sobre el botón, enviando tres andanadas láser contra el primer caza.

El primer haz falló el blanco, pero el segundo y el tercero atravesaron la cabina esférica. Los paneles solares hexagonales se desprendieron del casco y giraron locamente por el espacio mientras los motores iónicos estallaban y se convertían en una bola de gases incandescentes en expansión.

Corran hizo que el ala-X describiera un viraje de noventa grados y se abrió paso a través del centro de la explosión. Las ráfagas láser del segundo caza iluminaron sus escudos delanteros, haciendo que le resultara imposible obtener una buena referencia visual del TIE. Silbador dejó escapar un aullido, quejándose así de haberse visto convertido en un objetivo. Corran disparó y supo que había dado en el blanco, pero el TIE alcanzado se alejó a toda velocidad y siguió avanzando hacia el
Korolev
.

«Me parece que ya va siendo hora de ir escribiendo un nuevo capítulo para el escenario del
Réquiem

—Muéstrame el primer blanco, Silbador.

La imagen del primer bombardero TIE llenó su monitor. Corran activó el control de puntería de los torpedos protónicos. La caja de la imagen se volvió un poco más grande, y Silbador empezó a soltar pitidos mientras suministraba datos al ordenador de puntería para obtener una fijación de disparo.

—Tu velocidad ha bajado al uno por ciento, Verde Uno. ¿Necesitas ayuda?

—Negativo, Verde Dos.

—¿Qué estás haciendo, Corran?

—Convertir el libro en un cuento corto…

«O eso espero», añadió mentalmente.

La caja pasó al rojo, y el pitido de Silbador se volvió continuo. Corran presionó el botón y lanzó el primer cohete.

—Iniciar adquisición del segundo blanco.

La caja pasó al amarillo primero y al rojo después, y el piloto lanzó el segundo cohete.

Los números se sucedieron en una veloz trayectoria hacia el cero mientras los cohetes avanzaban hacia sus objetivos. El primer cohete dio en el blanco a dos kilómetros de distancia, haciendo pedazos al primer bombardero TIE. Unos segundos después, el segundo cohete dio en su blanco. Una explosión tan cegadora como una nova iluminó la cabina del simulador, y después se esfumó en la negrura del espacio.

—Iniciar adquisición del tercer blanco.

En el mismo instante en que daba la orden, Corran ya sabía que la velocidad con que su nave se estaba aproximando al bombardero haría prácticamente imposible disparar el tercer cohete.

—Cancelar el tres.

Corran volvió a acelerar mientras pasaba junto al tercer bombardero, e hizo virar su nave. Volvió a activar la mira láser y se colocó sobre la popa del bombardero.

El piloto del incauto intentó huir de su acometida. Desvió la nave de casco gemelo hacia la izquierda y luego inició un largo viraje hacia la derecha, pero Corran no estaba dispuesto a permitir que se le escapara. Redujo la velocidad, lo que mantuvo al bombardero delante de él, y después le siguió en su viraje. Luego disparó dos ráfagas láser en cuanto volvió a estar encima de su cola, y el ordenador de puntería le informó de que sus disparos habían causado daños en el casco.

El ala derecha del bombardero se elevó en una brusca desviación, y Corran imitó el movimiento. Si hubiera seguido volando en un vector directo, los haces láser disparados por el ala-X habrían pasado a cada lado del fuselaje del bombardero y ese fallo le hubiera proporcionado unos cuantos segundos más de vida. Manteniendo al bombardero centrado en sus miras, Corran obtuvo dos nuevos impactos y vio cómo el voluminoso navío se desintegraba delante de él.

Subiendo el nivel de impulsión al máximo, Corran empezó a buscar al caza que se le había escapado. Lo localizó a dos kilómetros de distancia y yendo hacia el
Korolev
. También divisó a cinco TIE más que se aproximaban por el otro lado de la corbeta, y que se encontraban a unos dieciocho kilómetros de distancia. «Maldición… Ese bombardero me ha obligado a consumir más tiempo del que podía dedicarle».

Volvió a activar el programa de puntería de torpedos y centró las miras sobre el caza restante. La caja de puntería pareció tardar una eternidad en volverse de color rojo y obtener una adquisición de blanco. Corran disparó un cohete y vio cómo atravesaba al caza, y después concentró su atención en los nuevos TIE.

—¿Quieres que entremos en combate, Verde Uno?

Corran meneó la cabeza.

—Negativo, Verde Dos. El
Furor Guerrero
sigue ahí y podría lanzar otra oleada. —Suspiró—. Interceptad a los cazas, pero no os alejéis más de un kilómetro del
Korolev
.

—Vamos a ello.

«Así podrán encargarse de mantener ocupados a los cazas mientras yo les doy una buena paliza a esos incauto…». Corran estudió los datos de navegación que le estaba proporcionando Silbador. El
Korolev
, los bombarderos y su ala-X formaban un triángulo que se iba encogiendo rápidamente. Si volaba en línea recta hacia los bombarderos acabaría describiendo un arco, lo cual consumiría más tiempo del que le quedaba y permitiría que los bombarderos se aproximaran lo suficiente para lanzar sus cohetes contra la corbeta. En lo que concernía a Corran, eso supondría una forma insuperablemente estúpida de perder el tiempo.

—Proporcióname un punto de interceptación situado a seis kilómetros de distancia del
Korolev
, Silbador.

El R2 dejó escapar un silbido casi alegre, como si aquel cálculo fuese tan sencillo que incluso Corran hubiera debido ser capaz de efectuarlo mentalmente. Mientras alteraba el vector de vuelo, Corran vio que dispondría de poco más de un minuto para ocuparse de los bombarderos antes de que estuvieran lo bastante cerca del
Korolev
para atacar. «No es tiempo suficiente…».

Accionando dos interruptores, Corran redirigió una parte de la energía del generador dedicada a la recarga de sus escudos y sistemas láser hacia los motores. El compensador de aceleración necesitó un segundo para entrar en el ciclo reforzado, con el resultado de que el repentino incremento de velocidad de la nave incrustó la espalda de Corran en el acolchado de su sillón de mando. «Espero que esto dé resultado…».

—Verde Uno, el
Furor Guerrero
acaba de acelerar. ¿Podemos entablar combate con los cazas?

—Afirmativo, Verde Tres. Id a por ellos.

Corran frunció el ceño durante unos segundos, sabiendo que los otros pilotos acabarían con los cazas TIE en cuestión de momentos. De esa manera sus compañeros le negarían la posibilidad de llevar a cabo un barrido limpio, pero Corran estaba dispuesto a cambiar dos TIE por la corbeta. «El comandante Antilles quizá podría haber acabado con todos esos enemigos sin que nadie le echara una mano, pero después de todo él tiene dos Estrellas de la Muerte pintadas en el flanco de su ala-X…».

—Marca a los bombarderos cuatro, cinco y seis, Silbador. —La distancia para la interceptación era de tres kilómetros, y Corran había añadido treinta segundos a sus reservas de tiempo de combate—. Adquisición del cuatro.

El ordenador de puntería le mostró que se estaba aproximando a la ruta de vuelo de su objetivo siguiendo un ángulo de cuarenta y cinco grados, lo cual significaba que el vector se hallaba muy desviado. Corran se apresuró a readaptar el generador para que recargara los escudos y los sistemas láser, y luego extrajo todavía más energía de su cuarteto de motores de impulsión fusial lncom 4L4 y la redirigió a la recarga de sus armas y sus escudos.

La redirección de recursos redujo su velocidad. Corran echó la palanca de control hacia atrás, haciendo que el ala-X iniciase un viraje que lo llevó directamente hacia los bombarderos. Después desvió la palanca hacia la izquierda y centró la caja de puntería en el primero de los incautos.

La caja empezó a ponerse amarilla, y luego pasó rápidamente al rojo. Corran disparó un cohete.

—Adquisición del cinco. —La caja de puntería empezó a enrojecer, y el estridente gemido de Silbador creó ecos por toda la cabina. El corelliano disparó un segundo cohete—. Adquisición del seis.

Silbador soltó un graznido.

Corran bajó la mirada hacia sus diagramas. Subiendo por la pantalla entre el paréntesis formado por los informes sobre los impactos de cohetes en los tres bombarderos, vio una anotación referente a Verde Dos.

—Verde Dos, informa.

—Le hemos perdido, Uno.

—¿Un caza acabó con él?

—No hay tiempo para hablar…

La comunicación del twi'lek que pilotaba el Verde Cuatro terminó bruscamente con un siseo de estática.

—¿Rhysati?

—He eliminado a uno, Corran, pero este último es muy bueno.

—Aguanta.

—Haré todo lo que pueda.

—Adquisición del seis, Silbador.

La unidad R2 siseó. El último bombardero ya había dejado atrás el punto de interceptación y se estaba lanzando sobre el
Korolev
. El piloto estaba haciendo que el grueso fuselaje girase lentamente sobre sí mismo, con lo que lo convertía en un blanco difícil para los sistemas de puntería de los cohetes. Pero el
Korolev
, siendo tan enorme como era, ofrecería un blanco lo suficientemente grande para que incluso una nave en rotación pudiera centrar sus miras en él.

«Y en cuanto dicho piloto haya conseguido centrar sus miras, el
Korolev
quedará convenido en un montón de chatarra espacial». Corran volvió a conectar los sistemas láser e hizo avanzar su ala-X. Todavía estaban separados por dos kilómetros de distancia, pero aun así lanzó Corran un par de haces. Sabía que sus probabilidades de dar en el blanco a esa distancia eran ínfimas, pero la luz de los haces se deslizaría junto al TIE y le daría algo en que pensar a su piloto. «Y quiero que esté pensando en mí, no en esa nerf-beta que tiene pastando delante de él».

Corran volvió a redirigir toda la energía a los motores y salió disparado hacia adelante. Dos nuevos haces láser hicieron que el bombardero TIE se desviara un poquito del rumbo, pero Corran ya se encontraba lo bastante cerca para poder proceder a la adquisición del blanco. Las rotaciones de la nave empezaron a volverse más lentas cuando el piloto centró las miras en su objetivo y después, justo cuando Corran se disponía a usar sus haces láser, el bombardero se desvió bruscamente hacia babor.

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