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Authors: James A. Daron | Robinson Acemoglu

Por qué fracasan los países (7 page)

Esta inestabilidad vino acompañada por el asesinato y la represión en masa. El informe de 1991 de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación de Chile determinó que 2.279 personas habían sido asesinadas por motivos políticos durante la dictadura de Pinochet entre 1973 y 1990. Posiblemente 50.000 fueron encarceladas y torturadas y cientos de miles fueron despedidas de su trabajo. El informe de la Comisión para la Clarificación Histórica de Guatemala de 1999 señalaba un total de 42.275 víctimas identificadas, aunque otros han señalado que hasta 200.000 fueron asesinadas entre 1962 y 1996, 70.000 durante el régimen del general Efraín Ríos Montt, que fue capaz de cometer estos crímenes con tal impunidad que pudo presentarse a presidente en el año 2003; afortunadamente, no ganó. La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas de Argentina cifra en 9.000 el número de personas asesinadas por los militares en aquel país entre 1976 y 1983, a pesar de que apunta que el número real podría ser superior. (Las organizaciones de derechos humanos calculan que fueron unos 30.000.)

 

 

Ganar 1.000 o 2.000 millones

 

Las implicaciones persistentes de la organización de la sociedad colonial y de los legados institucionales de estas sociedades perfilan las actuales diferencias entre Estados Unidos y México y, por lo tanto, entre las dos partes de Nogales. El contraste entre cómo Bill Gates y Carlos Slim se convirtieron en los hombres más ricos del mundo (Warren Buffett también es un aspirante) ilustra las fuerzas imperantes. El auge de Gates y Microsoft es muy conocido, pero el estatus de Gates como persona más rica del mundo y fundador de una de las empresas más innovadoras desde el punto de vista tecnológico no impidió que el Departamento de Justicia de Estados Unidos entablara demandas civiles contra Microsoft el 8 de mayo de 1998 y afirmara que esta empresa había abusado del poder del monopolio. Una cuestión crucial era la forma en la que Microsoft había vinculado su navegador web, Internet Explorer, a su sistema operativo Windows. El gobierno había estado vigilando a Bill Gates durante bastante tiempo y, ya en 1991, la Comisión Federal de Comercio había iniciado una investigación para estudiar si esta empresa estaba abusando de su monopolio en sistemas operativos para PC. En noviembre de 2001, Microsoft llegó a un trato con el Departamento de Justicia. Le cortaron las alas, aunque el castigo fuera menor de lo que se pedía.

En México, Carlos Slim no ganó dinero mediante la innovación. Al principio, destacó en negocios bursátiles y en comprar y modernizar empresas que no eran rentables. Su golpe maestro fue la adquisición de Telmex, el monopolio de telecomunicaciones mexicano que fue privatizado por el presidente Carlos Salinas en 1990. El gobierno anunció su intención de vender el 51 por ciento de las acciones con derecho a voto (el 20,4 por ciento de las acciones totales) en la empresa en setiembre de 1989 y recibió ofertas en noviembre de 1990. A pesar de que Slim no hizo la oferta más elevada, un consorcio liderado por su Grupo Carso ganó la subasta. Y en lugar de pagar las acciones inmediatamente, Slim consiguió retrasar el pago, y utilizó los dividendos del mismo Telmex para pagar las acciones. Lo que una vez fue un monopolio público se había convertido en el monopolio de Slim, y era enormemente rentable.

Las instituciones económicas que hicieron que Carlos Slim fuera quien es son muy distintas de las de Estados Unidos. Para un emprendedor mexicano, los obstáculos de entrada serán cruciales en todas las etapas de su carrera profesional. Estos obstáculos incluyen licencias caras que obtener, burocracia con la que lidiar, políticos y titulares de otros cargos que obstaculizan el camino y la dificultad de conseguir financiación en un sector financiero a menudo confabulado con los titulares de los cargos con los que el emprendedor está tratando de competir. Estos obstáculos pueden ser insuperables, y mantener al emprendedor fuera de las áreas lucrativas, o ser su mejor amigo, y mantener a distancia a la competencia. Evidentemente, la diferencia entre ambos casos radica en a quién conoce uno y en quién puede influir, y, sí, también a quién puede sobornar. Carlos Slim es un hombre ambicioso y con talento, de origen relativamente humilde, procedente de una familia de inmigrantes libaneses, que ha sido un maestro a la hora de obtener contratos exclusivos. Consiguió monopolizar el lucrativo mercado de las telecomunicaciones de México y, posteriormente, amplió su alcance al resto de América Latina.

El monopolio Telmex de Slim ha topado con dificultades, pero las ha superado. En 1996, Avantel, un proveedor de telefonía a larga distancia, solicitó ante la Comisión Federal de la Competencia mexicana que comprobara si Telmex tenía una posición dominante en el mercado de las telecomunicaciones. En 1997, la Comisión declaró que Telmex tenía un poder de monopolio sustancial respecto a la telefonía local, las llamadas nacionales a larga distancia y las internacionales a larga distancia, entre otras cosas. Sin embargo, los intentos por parte de las autoridades reguladoras de México de limitar estos monopolios fueron en vano. Una razón es que Slim y Telmex pueden utilizar lo que se conoce como recurso de amparo. Un amparo, de hecho, es una petición para que una ley concreta no sea aplicable en el propio caso. La idea del amparo se remonta a la Constitución mexicana de 1857 y, originalmente, su intención era salvaguardar los derechos y las libertades individuales. No obstante, en manos de Telmex y otros monopolios mexicanos, se ha convertido en una herramienta formidable para consolidar el poder de monopolio. En lugar de proteger los derechos de las personas, el amparo proporciona una laguna legal que impide la igualdad ante la ley.

Slim ha ganado este dinero en la economía mexicana en gran parte gracias a sus conexiones políticas. En los momentos en los que se ha aventurado a ir a Estados Unidos, no ha tenido éxito. En 1999, su Grupo Carso adquirió la empresa de distribución de productos informáticos CompUSA. En aquel momento, CompUSA había acordado una franquicia con una empresa llamada COC Services para vender sus productos en México. Slim inmediatamente rompió ese contrato con la intención de establecer su propia cadena de tiendas, evitando la competencia de COC. Sin embargo, COC demandó a CompUSA en un tribunal de Dallas. No hay amparos en Dallas, así que Slim perdió, y le impusieron una multa de 454 millones de dólares. El abogado de COC, Mark Werner, apuntó después que «el mensaje de este veredicto es que, en esta economía global, las empresas deben respetar las reglas de Estados Unidos si quieren venir aquí». Cuando Slim estuvo sometido a las instituciones de Estados Unidos, sus tácticas habituales para ganar dinero no funcionaron.

 

 

 

Hacia una teoría de la desigualdad mundial

 

Vivimos en un mundo que no es igualitario. Las diferencias que existen entre los países son similares a las que hay entre las dos partes de Nogales, pero a mayor escala. En los países ricos, las personas están más sanas, viven más tiempo y tienen unos niveles de educación más altos. Asimismo, pueden acceder a una serie de comodidades y opciones en la vida, desde vacaciones hasta carreras profesionales, con las que las personas de los países pobres solamente pueden soñar. Además, los habitantes de los países ricos conducen por carreteras sin baches y disfrutan de lavabos, electricidad y agua corriente en sus hogares. Normalmente, sus gobiernos no los detienen ni los hostigan arbitrariamente; al contrario, les proporcionan servicios que incluyen educación, atención sanitaria, carreteras y ley y orden. También hay que señalar que los ciudadanos votan en las elecciones y tienen cierta voz en la dirección política que toman sus países.

Las grandes diferencias en la desigualdad mundial son evidentes para todos, incluso para los habitantes de países pobres, aunque muchos carezcan de acceso a la televisión o a Internet. Es la percepción y la realidad de estas diferencias lo que empuja a la gente a cruzar el río Grande o el mar Mediterráneo ilegalmente para tener la ocasión de experimentar las oportunidades y el nivel de vida de los países ricos. Esta desigualdad no tiene consecuencias solamente para la vida de las personas de los países pobres, sino que también provoca agravio y resentimiento, con consecuencias políticas enormes en Estados Unidos y en otros lugares. Comprender por qué existen estas diferencias y qué las provoca es nuestro objetivo central al escribir este libro. Lograr comprenderlo no es un fin en sí mismo, sino un primer paso para generar ideas sobre cómo mejorar la vida de miles de millones de personas que todavía viven en la pobreza.

Las disparidades entre los dos lados de la valla en Nogales son solamente la punta del iceberg. Igual que ocurre en el norte de México, que se beneficia del comercio con Estados Unidos, incluso aunque no todo sea legal, los residentes de Nogales son más prósperos que otros mexicanos, cuya renta anual media por hogar es del orden de cinco mil dólares. Esta mayor prosperidad relativa de Nogales (Sonora) procede de las fábricas maquiladoras centralizadas en polígonos industriales, la primera de las cuales fue montada por Richard Campbell Jr., un fabricante de cestas de California. El primer arrendatario fue Coin-Art, la empresa de instrumentos musicales de Richard Bosse, propietario de la fábrica de flautas y saxofones Artley de Nogales (Arizona). Después de Coin-Art, llegó Memorex (cableado informático), Avent (confección para hospitales), Grant (gafas de sol), Chamberlain (fabricante de dispositivos abrepuertas de garaje para Sears), y Samsonite (maletas). Es significativo que todos sean hombres de negocios y empresas de Estados Unidos, que utilizan capital y
know how
estadounidense. Por lo tanto, la mayor prosperidad de Nogales (Sonora) respecto al resto de México procede del exterior.

Las diferencias entre Estados Unidos y México, a su vez, son pequeñas comparadas con las que existen en todo el mundo. El ciudadano medio estadounidense es siete veces más próspero que el mexicano medio y más de diez veces más que el de Perú o América Central. Es unas veinte veces más próspero que el habitante medio del África subsahariana y casi cuarenta veces más que los naturales de los países africanos más pobres, como Mali, Etiopía y Sierra Leona. Y no sólo es en Estados Unidos. Existe un grupo pequeño pero creciente de países ricos (principalmente en Europa y Norteamérica, junto con Australia, Japón, Nueva Zelanda, Singapur, Corea del Sur y Taiwán) cuyos ciudadanos disfrutan de vidas muy distintas a las de los del resto del mundo.

La razón de que Nogales (Arizona) sea mucho más rica que Nogales (Sonora) es sencilla: se debe a las diferencias existentes entre las instituciones de ambos lados de la frontera, que crean incentivos muy distintos para los habitantes de Nogales (Arizona) y de Nogales (Sonora). Estados Unidos también es un país mucho más rico actualmente que México o Perú debido a que sus instituciones, tanto económicas como políticas, determinan de forma distinta los incentivos para empresas, individuos y políticos. Cada sociedad funciona con una serie de reglas políticas y económicas creadas e impuestas por el Estado y los ciudadanos colectivamente. Las instituciones económicas dan forma a los incentivos económicos: los incentivos para recibir una educación, ahorrar e invertir, innovar y adoptar nuevas tecnologías, etcétera. Es el proceso político lo que determina bajo qué instituciones económicas se vivirá y son las instituciones políticas las que determinan cómo funciona este proceso. Por ejemplo, las instituciones políticas de una nación determinan la capacidad de los ciudadanos de controlar a los políticos e influir en su comportamiento. Esto, a su vez, determina si los políticos son agentes (aunque sea imperfectos) de los ciudadanos, o si son capaces de abusar del poder que se les confía o que han usurpado, para amasar sus propias fortunas y seguir sus objetivos personales en detrimento de los de los ciudadanos. Las instituciones políticas incluyen constituciones escritas y si la sociedad es una democracia, pero no se limitan a ello. Incluyen el poder y la capacidad del Estado para regular y gobernar la sociedad. También es necesario considerar más ampliamente los factores que determinan cómo se reparte el poder político en la sociedad, sobre todo la capacidad de los distintos grupos de actuar colectivamente para conseguir sus objetivos o impedir que otras personas consigan los suyos.

Como las instituciones influyen en el comportamiento y los incentivos en la vida real, forjan el éxito o el fracaso de los países. El talento individual importa en todos los niveles de la sociedad, pero incluso este factor requiere un marco institucional para transformarse en una fuerza positiva. Bill Gates, al igual que otras figuras legendarias del sector de la tecnología de la información (como Paul Allen, Steve Ballmer, Steve Jobs, Larry Page, Sergey Brin y Jeff Bezos), tenía una ambición y un talento inmensos, pero, en última instancia, respondía a incentivos. El sistema escolar estadounidense permitió que Bill Gates y otros como él adquirieran un conjunto único de habilidades con las que complementar sus talentos. Las instituciones económicas de este país permitieron que estos hombres crearan empresas con facilidad, sin enfrentarse a obstáculos infranqueables. E hicieron que la financiación de sus proyectos fuera factible. El mercado laboral estadounidense les permitió contratar a personal cualificado y el entorno de mercado relativamente competitivo posibilitó que ampliaran sus empresas y comercializaran sus productos. Estos emprendedores tenían confianza desde el principio en que podrían llevar a la práctica sus proyectos soñados: confiaban en las instituciones y en el Estado de derecho que éstas generaban y no se preocupaban por la seguridad de sus derechos de propiedad. Por último, las instituciones políticas garantizaban la estabilidad y la continuidad. Se aseguraban de que no había ningún riesgo de que un dictador se hiciera con el poder y cambiara las reglas del juego, expropiara la riqueza de los emprendedores o amenazara sus vidas o su trabajo. También se aseguraban de que ningún interés concreto de la sociedad pudiera hacer que el gobierno tomara un rumbo desastroso desde el punto de vista económico. Y esto era posible porque el poder político estaba limitado y suficientemente repartido. De esta forma, podía haber prosperidad, porque un conjunto de instituciones económicas creaban los incentivos para que fuera factible.

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