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Authors: Howard Mittelmark & Sandra Newman

Tags: #Ensayo, Humor

Cómo no escribir una novela (8 page)

Algunos libros acaban con una larga explicación de los enigmas de la trama que es más compleja y elaborada que la historia que nos ha llevado a ese final. Este problema es muy frecuente en las novelas de asesinatos, pero incluso en las novelas románticas el frío comportamiento del héroe se explica por una subtrama condensada que se extiende durante cuatro generaciones y tres guerras.

Por favor, haz que esas sorprendentes explicaciones para aclarar un misterio sean lo suficientemente sencillas a fin de que la más absoluta confusión no anule el placer de la lectura. Intenta también dar esa explicación desde el principio del libro, proporcionando datos a medida que avanza la trama.

Y nunca te olvides de que, en vez de todo esto, puedes limitarte a escribir una sola e impublicable novela con esa sorprendente explicación final.

¡Y un sermón de regalo!

Cuando el autor nos cuenta lo que nos ha venido contando a lo largo del libro

Sí, reflexionó Jack, aquello era el final. Y se quedó contemplando a la otrora floreciente metrópoli desde lo más alto de los restos retorcidos y humeantes de la Torre Ergohidráulica. Muy por debajo de él vio movimiento entre los escombros. A través de toda la ciudad los niños salían a gatas de los sótanos y de los refugios contra las bombas, caminando y parpadeando ante la luz del sol; salían de las cámaras acorazadas de los bancos y de las cámaras frigoríficas de los mataderos que los habían protegido de lo peor.

No, pensó Jack, el hombre no estaba destinado a combinar la ergonomía y la hidráulica a menos que hubiera una competente regulación estatal, y ése era el resultado. Pero él había aprendido la lección. Bastaba con mirar allí, con mirar a esos niños. Eran la prueba de que el espíritu humano era indomable. Alzó su puño y lo agitó a los cielos mientras pensaba: «Sí, tú impediste el final, esa catástrofe que nos hubiera condenado a todos nosotros, pero —y entonces señaló a los niños que por toda la ciudad ya estaban jugando a la comba, al pilla pilla, a perseguir a los gatos— éste es el espíritu que nos permitirá seguir adelante, reconstruirlo todo de nuevo, más grande y mejor, explorar nuevas ideas tanto en ergonomía como en hidráulica…»

Apoyó la espalda contra una viga abollada y se quedó mirando la puesta de sol.

Sí, el género humano nunca se rinde y nunca se rendirá. Desde el día en que los primeros hombres se alzaron bajo el cálido sol de la llanura africana, el género humano siempre había ido hacia delante, y cualesquiera que sean los problemas de postura a los que haya tenido que hacer frente desde su erguida posición, el hombre los ha encarado y peleado con ellos, y cierto día los ha vencido. Debería haberse avergonzado de ser un Bilge de los Bilge de Bilge Hidráulicas S. A. cuando todo esto empezó, pero ahora estaba orgulloso de serlo, orgulloso de ser parte de su familia, orgulloso de ser el hijo de su padre, pero aún más orgulloso estaba de ser parte de la familia de los hombres, esos hombres que, sin importar las circunstancias…
(y sigue)

En ocasiones, en lugar de un prólogo que presente todas las ideas filosóficas que el autor intenta comunicarnos con su novela, éste nos obsequia al final del libro con un largo monólogo que nos explica esas ideas filosóficas que nos ha ido contando a lo largo de toda la narración. Ideas que, ni que decir tiene, ya conocemos porque hemos llegado hasta ahí.

Por suerte este capítulo final suele tener tan poca relación con la historia que uno puede eliminarlo sin más.

SEGUNDA PARTE
LOS PERSONAJES

«¿Por qué me odia la gente —se preguntó Flavio— si estoy cachas, soy rico y tengo todos los discos de Bob Dylan en vinilo?»

Tal vez, pese a todos tus esfuerzos para sabotear tu trama, crees que tu novela aún es demasiado atractiva. En ese caso lo mejor que puedes hacer es salpicarla con personajes aburridos, inverosímiles y desagradables. Vamos a ver qué personajes pululan por el Planeta de las novelas impublicables.

Muchos de sus habitantes más destacados no tienen ningún rasgo. Se mueven a través de las escenas de la trama de forma tan anodina como un empleado que cobra el sueldo mínimo interprofesional. Incluso puede ocurrir que el protagonista tenga la misma profundidad que un calcetín al que un niño le ha dibujado una cara con un rotulador. Si la trama no se desarrolla en un lugar de trabajo, ninguno de esos personajes tiene que ir nunca a trabajar. Si la novela no cuenta una historia de amor, practican el celibato. Su edad siempre es materia de conjeturas, y nunca se dice nada de a qué clase social ni grupo étnico pertenecen, se sobrentiende que son gente «normal». Por ejemplo, se nos dice que el protagonista ha descubierto una red de espías mientras vive una historia de amor con una despampanante bióloga marina en el fondo del océano, pero sigue siendo tan expresivo como una marioneta de calcetín mientras descubre a esos anodinos espías en el fondo de un anodino océano.

Otros personajes tienen un montón de rasgos que nos explican su personalidad, todos ellos malos. Se quejan de sus esposas, descuidan a sus hijos y se pasan página tras página tramando una venganza por un nimio desaire que alguien les hizo en el pasado más remoto. O se pasean en una Harley personalizada y están muy familiarizados con todas las capitales de Europa, aunque no se les conoce ningún medio de subsistencia. En el peor de los casos pueden ser una actriz llamada Blanche de la Nuit, y su mejor amigo es
Colita de la Nuit
, un gato con una vida apasionante.

Los malvados matan, torturan y mutilan con un increíble y sádico regodeo. «Ah, qué placer me causa verte sufrir así», declara el malo ante el niño agonizante, mientras en La Gata Negra una seductora bailarina de nombre Linda Goodmelons, y que aparentemente sólo tiene un par de atributos según la descripción del autor, se siente irresistiblemente atraída por Dick Buenatranca, un programador informático de lo más gris durante el día y que durante las noches es asiduo del local.

Hay muchas formas inteligentes y probadas para describir personajes sin gracia, sin alma y sin vida. Pero todos los enfoques siguientes deberían bastar para anular el interés que pueda tener el lector por cualquier hombre, mujer o niño que aparezca en tu historia.

4
RECOMENDACIONES BÁSICAS SOBRE LOS PERSONAJES

Joe realmente tiene una personalidad muy interesante

Una de las tareas más sencillas a las que un escritor debe enfrentarse es describir la apariencia física de sus personajes. En manos de un esforzado autor que aún no ha publicado ésta es una magnífica oportunidad para descarrilar. Pueden escribirse pasajes enteros con descripciones tan anodinas y con tan poco sabor como el jamón de York en envase de plástico. Con las técnicas que a continuación te exponemos podrás dominar el arte de hablar sin decir nada.

El hombre de la estatura normal

Cuando se describe un personaje en términos genéricos

Algunas descripciones de personajes parecen sacadas de un informe policial:

Joe era un hombre de estatura media con ojos y pelo de color marrón.

Alan cubría su fuerte constitución con una camiseta y unos vaqueros.

Melinda tenía un cuerpo bien proporcionado y un rostro agraciado.

Las descripciones como éstas hacen que los personajes parezcan simples monigotes. Nadie se describe a sí mismo como un hombre de estatura media con ojos y pelo de color castaño. Estos informes policiales por lo general suelen ser acogidos por el lector más bien como si leyera: «Horacio era un hombre con dos piernas, dos brazos y con una cabeza encima del tronco».

Un error que hemos visto muchas veces últimamente es el hecho de que los autores, como reacción frente a la abundancia de «mujeres de generosos pechos», describen a su heroína como una mujer de pechos medianos, que es tanto como decir que esa chica tiene tetas.

Si quieres decirnos algo sobre un personaje, cuéntanos algo que no demos por sentado por nuestro conocimiento de las características comunes de hombres y mujeres. Haz hincapié en lo específico de tu personaje. Raras veces se rechaza una novela porque los personajes estén muy bien descritos. Trata de concentrarte en los hechos y atributos que son específicos de tu personaje, y si éste es realmente un ciudadano común, describe sus rasgos de forma que se realce lo específico, de un modo que sugiera su personalidad («Marianne no soportaba que, a causa de su altura, siempre sobresaliese»).

¿De qué color soy?

Cuando el personaje se mira al espejo para saber cómo es

Melinda se detuvo a mirarse al espejo. Una muchacha bonita de cara y con un cuerpo bien proporcionado se reflejaba en él. Tenía unos pechos ni grandes ni pequeños que se erguían orgullosamente bajo su
body
. Se atusó alegremente su cabello de color platino y decidió que Joe sería idiota si la dejaba escapar.

El lector quiere saber qué aspecto tienen tus personajes. Pero ¿cómo puede un autor suministrar la información sobre la estatura, el peso y el color de la piel de un personaje? Muy fácil, ¡Basta con que éste se mire en el espejo!

Por desgracia, esto sólo es una convención de la peor literatura que da la siguiente impresión: «Mirándose al espejo, Joe vio a un hombre alto, de pelo castaño, atrapado en una novela condenadamente mal escrita».

Cuando un lector se encuentra con un espejo, lo que ve no es el color del pelo ni el tamaño de sus pechos. Lo que ve es ese mechón fuera de sitio, la camisa mal abotonada, el lápiz de labios corrido. La gente no percibe lo que ve todos los días, ve lo que es diferente. Lo de todos los días se lo salta.

Hacer que un personaje piense sobre su físico no es tan difícil. Cualquier encuentro con alguien del sexo opuesto es una buena ocasión para que un personaje reflexione —inteligentemente— sobre su aspecto. En el mejor de los casos el espejo es un desvío innecesario porque el personaje que has plantado delante ya sabe de sobra cómo es físicamente. Puede transmitir esa información al lector sin necesidad de ir al baño, incluso desde un cómodo sofá. Un problema vinculado con éste es:

El momento Kodak

Como antes, pero con foto

Cuando pasó por delante del espejo Joe captó su rubio cabello y su cuadrada mandíbula que tanto atraían a las mujeres. Y entonces vio, encajada en una esquina del espejo, una foto de Melinda. Su preciosa cara estaba seductoramente enmarcada por sus cabellos de color platino y sus medianos pero perfectos pechos.

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