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Authors: Jack Campbell

Tags: #Ciencia-Ficción

Impávido

 

Superados por las inexpugnables fuerzas de los Mundos Síndicos, la flota de la Alianza prosigue su peligrosa retirada. Liderada por el legendario capitán John
Black Jack
Geary, la Alianza trata desesperadamente de volver a casa con su más preciada captura: la llave de la hipernet síndica, la llave de la victoria…

Geary está convencido de que los síndicos están planeando una emboscada contra la flota. Al caer en la cuenta de que la mejor (y única) opción de la Alianza consiste en hacer algo inesperado, Geary emprende una ofensiva y envía a la flota al sistema Sancere.

Pero, hastiados por la interminable contienda, los oficiales y la tripulación de la flota de la Alianza provocan un motín que los divide, dejando a Geary con más desventaja que nunca…

Impávido, el segundo volumen de la serie 'La flota perdida', es un nuevo hito en la carrera de un autor imprescindible en el panorama de la ciencia ficción militar actual. La saga de Jack Campbell es original, oscura y perturbadoramente adictiva.

Jack Camobell

Impávido

Saga La Flota Perdida - 2

ePUB v1.3

elchamaco
05.08.12

Título original:
Fearless

Jack Campbell, 2007.

Traducción: Beatriz Ruiz Jara

elchamaco (v1.0) 16/03/12 escaneado, ocr, 1ª revisión, maquetado

elchamaco (v1.1) 14/04/12 erratas detectaas por Malorix

elchamaco (v1.2) 19/04/12 arreglados estílos

elchamaco (v1.3) 05/08/12 Actualziado a epub base 2, libro en ingles, y erratas

ePub base v2.0

Agradecimientos

Estoy en deuda con mi editora, Anne Sowards, por su valioso apoyo y su trabajo de revisión, así como con mi agente, Joshua Blimes, por sus sugerencias acertadas y por su ayuda. Gracias también a Catherine Asaro, J. G. (Huck) Huckenpohler, Simcha Kuritzky, Michael LaViolette, Aly Parsons, Bud Sparhawk y Constance A. Warner por sus sugerencias, comentarios y recomendaciones. Gracias también a Charles Petit por su aportación en cuanto al combate espacial.

Para Stanley Schmidt, un gran editor, un gran escritor y una muy buena persona. Gracias por ayudar a tantos escritores, incluido yo mismo, a mejorar en nuestro trabajo. Y no me cabe duda de que, a pesar de su entrega, Stan seguirá rechazando cualquier cosa que le envíe que no se ajuste a sus parámetros.

Para S., como siempre.

1

Las naves aparecieron perfiladas sobre el negro del espacio, los escuadrones de destructores y cruceros ligeros surgieron con un destello seguidos por grupos de cruceros pesados, luego las divisiones de cruceros de batalla y acorazados, enormes plataformas para las armas más mortíferas que el hombre haya creado jamás. A lo lejos, un punto refulgente de luz marcaba la estrella que la humanidad había bautizado como Sutrah, tan lejana que los habitantes de los mundos cercanos a ella no podrían ver la luz que anunciaba la llegada de la flota de la Alianza durante al menos cinco horas.

La flota de la Alianza, que había saltado hacia el espacio normal que allí había, tenía un aspecto increíblemente poderoso a medida que su formación se aproximaba a Sutrah. Parecía imposible que algo tan fuerte pudiera temerle a algo. Pero la flota de la Alianza huía para salvar su vida y Sutrah, que estaba bien inmersa en el territorio enemigo de los Mundos Síndicos, no era otra cosa que un rodeo necesario para llegar definitivamente a un lugar seguro.

—Se han detectado buques ligeros síndicos a diez minutos luz, diez grados abajo a estribor.

El capitán John
Black Jack
Geary estaba sentado en el asiento de comandante de la flota, en el puente de mando del crucero de batalla
Intrépido
de la Alianza, sintiendo como sus tensos músculos se relajaban lentamente a medida que se hacía patente el hecho de que, una vez más, sus conjeturas eran acertadas. O las conjeturas de los comandantes de la flota síndica eran erróneas, lo cual era igual de bueno. No había campos de minas esperando a la flota de la Alianza a la salida del punto de salto, y las naves enemigas avistadas estaban tan lejos que no suponían una amenaza real.

No, la mayor amenaza para sus buques estaba dentro de la propia flota.

Geary mantuvo los ojos clavados en el visualizador tridimensional que se proyectaba ante él, tratando de vaticinar si los educados mandos de la formación de la Alianza se disolverían en una persecución caótica tras las naves síndicas a medida que la disciplina flaqueara ante el deseo de entrar a matar.

—Capitana Desjani —dijo dirigiéndose a la comandante del
Intrépido
—, por favor, informe a esas naves síndicas de que exigimos su rendición inmediata.

—Sí, señor. —Tanya Desjani había aprendido a ocultar sus reacciones ante las ideas pasadas de moda y (a los ojos de los tiempos modernos) compasivas de Geary, tales como ofrecerles a unas fuerzas enemigas que podrían ser destruidas fácilmente la posibilidad de rendirse.

Poco a poco había ido comprendiendo por qué ella y otros miembros de la unidad eran de ese parecer. Los Mundos Síndicos nunca se habían caracterizado por la humanidad de sus dirigentes, ni por los conceptos como la libertad individual y la justicia, que los de la Alianza apreciaban. Los ataques sorpresa, sin que mediara provocación alguna, que llevaban a cabo los síndicos y que habían desencadenado esta guerra habían dejado un regusto amargo que seguía vivo y, aproximadamente un siglo después de aquello, los síndicos iban en cabeza en una escalada de bajezas en lo que a tácticas para ganar a cualquier precio se refería. Geary se quedó perplejo cuando supo que la Alianza había llegado a igualar las atrocidades de los síndicos, y pese a que ahora entendía cómo había sucedido, nunca lo toleraría. Insistía en perpetuar las reglas que él conocía, reglas que trataban de controlar la ira de la guerra para que aquellos que la libraban no se volvieran tan malvados como sus enemigos.

Geary consultó el visualizador del sistema al menos por décima vez desde que se había sentado. Ya lo había memorizado antes. El punto de salto por el que había salido su flota se encontraba solamente a cinco horas luz de Sutrah. Había dos mundos habitados en el sistema, pero el más cercano a la escuadra estaba a solo nueve minutos luz de la estrella. No vería la llegada de la flota de la Alianza a este sistema durante otras cuatro horas luz y media. El otro mundo habitado estaba algo más alejado, a unos escasos siete minutos luz y medio de Sutrah. La flota de la Alianza no tendría que acercarse a ninguno de los dos en su travesía por el sistema estelar Sutrah de camino hacia otro punto de salto, en el otro extremo, desde donde poder saltar a otra estrella.

En torno a la imagen de la flota de la Alianza en el visualizador del sistema, una burbuja en expansión delimitaba la zona en la que se podría evaluar algo parecido a una cadena de acontecimientos en directo. En ese mismo momento, la unidad podía ver cuál era el aspecto del mundo habitado más cercano a cuatro horas luz y media. Se trataba de un cómodo margen, pero también era tiempo suficiente para que surgieran circunstancias inesperadas que te podían sorprender cuando su luz llegaba por fin. La propia estrella Sutrah podía haber explotado hacía cuatro horas, y ellos no verían la luz de ese suceso hasta al menos otra hora después.

—Movimiento rojo en las naves síndicas —anunció el consultor, incapaz de eliminar la decepción de su voz.

—Están huyendo —añadió Desjani innecesariamente.

Geary asintió; luego frunció el entrecejo. La fuerza síndica que se habían encontrado en Corvus, superada ampliamente en número, había luchado a pesar de todo; al final solo una nave se había rendido, mientras que las demás habían sido aniquiladas.
Allí el comandante síndico citó la norma de la flota síndica según la cual se requería esa maniobra suicida. ¿Por qué aquí los síndicos se comportan de forma distinta?

—¿Por qué? —preguntó en voz alta.

La capitana Desjani miró a Geary sorprendida.

—Son unos cobardes.

Geary procuró no reaccionar demasiado enérgicamente. Al igual que tantos otros tripulantes y oficiales de la Alianza, Desjani llevaba tanto tiempo alimentándose de propaganda sobre el enemigo síndico que se lo creía todo, incluso cuando no tenía sentido.

—Capitana, en Corvus, tres de las naves síndicas lucharon hasta la muerte. ¿Por qué estas están huyendo?

Desjani le respondió frunciendo el ceño a su vez.

—Los síndicos siguen sus órdenes con rigidez —declaró por fin. Aquella fue una valoración razonable, reflejaba todo lo que Geary supo una vez y lo que estaba viendo en ese momento.

—Entonces, les han ordenado que huyan.

—Para que informen sobre nuestra llegada al sistema Sutrah —concluyó Desjani—. Pero ¿qué sentido tiene? Si cuentan con unidades ligeras localizadas en los demás puntos de salto, y ya hemos visto desde hace unas cuantas horas que así es, ¿qué ganan teniendo a alguien precisamente aquí? Su informe sigue viajando a la velocidad de la luz y, dado que no pueden atravesarnos para llegar al siguiente punto de salto, no van a poder saltar muy rápido.

Geary se inclinó sobre el visualizador.

—Eso es verdad. Entonces, ¿por qué?

Le echó otro vistazo a la formación de su flota, que seguía unida, y murmuró una oración dando gracias a las estrellas del firmamento.

—Un momento.

Dentro de un sistema solar, las referencias direccionales siempre se calculaban en relación al mundo exterior a una nave, para que las otras naves las pudieran entender. Cualquier cosa que sobrepasara el plano del sistema estaba «arriba», y cualquiera que no lo sobrepasara estaba «abajo». La dirección hacia el sol era «a la derecha», o «a estribor» (o incluso «hacia la estrella», como insistían algunos), mientras que la dirección contraria al sol era a la izquierda, o a babor. Según esa convención, las naves ligeras de los síndicos habían estado por debajo de la posición de su flota y ahora estaban huyendo por encima y ligeramente hacia la izquierda. ¿Por qué iban a escapar por una ruta que los llevaba directamente hacia su flota? A no ser que ese movimiento ocultara otro propósito.

Geary trazó una línea de interceptación desde sus naves hacia los síndicos; la trayectoria curvada atravesaba una región por la que los síndicos no habían pasado.

—Deme una buena visión de esta zona. Rápido.

Desjani miró a Geary sobresaltada, pero transmitió la orden. Geary seguía esperando la respuesta cuando vio que tres destructores y un crucero pesado rompían de pronto la formación y se lanzaban en máxima aceleración para obstaculizar a los síndicos que estaba huyendo.
¡No, idiotas!.
Sin perder un momento, Geary pulsó el circuito de mando de la flota.

—Aviso a todas las unidades, alteren el curso tres cero grados en sentido ascendente. Repito, tres cero grados ascendente. Ejecución inmediata. Hay minas a lo largo de nuestra trayectoria.

Tardó un instante en identificar las unidades que había roto la formación.

—¡Doblefilo, Estilete, Mazo, Blindado!
¡Interrumpan el curso de su trayectoria de inmediato! Tres cero grados ascendente. Están entrando en un campo de minas.

Después de eso, lo único que pudo hacer Geary fue observar el visualizador. La flota de la Alianza se extendía a lo largo de una distancia de minutos luz. Las naves más alejadas no recibirían la orden hasta dos minutos más tarde. Las que se encontraban en mayor peligro, aquellos tres destructores y el crucero
Blindado,
tardarían al menos un minuto en oírla. A una aceleración máxima cubrirían una gran parte del trayecto en ese minuto.

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