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Authors: Bjarne Reuter

Tags: #Aventuras, histórico

El Embustero de Umbría (51 page)

—Seguramente no sabrás que a Ben Johnson lo han pillado con stanozol en la sangre.

Gómez bajó de la silla con dificultad y pagó los cortes de pelo.

Se sentaron en el coche.

—No sabía que Johnson se dopara —dijo.

—A mí también me ha sorprendido.

Gómez puso el coche en marcha y se detuvo junto a uno de los hoteles donde se albergaban turistas canadienses y políticos rusos.

—El padre de mi amante era juez de una audiencia territorial. Se jubiló el año pasado. Ahora colecciona soldaditos de plomo y sostiene que es capaz de recordar una vida anterior como oso hormiguero. Me recuerda un poco a aquella historia que me contaste en mi cumpleaños.

—Ya la he olvidado.

—La de la peste de Londres y Marsella —dijo Gómez, saliendo del auto—. Vuelvo enseguida.

Muñoz encendió un cigarrillo.

—Desde luego, yo no he sido nunca un oso hormiguero, pero Leipzig estaba muy bien.

Aunque lo mejor eran los días con Vera. Vera, la bonita y lista cubana que el día que cumplía treinta años bebió tanto ron que se puso a discutir con su madre acerca del hijo y la boda que aparentemente se hacían esperar. Al final se llevó a su padrastro a la orilla, donde se bebieron a medias otra botella.

—Lo que ignora mi madre —dice Vera, recuperada de la melopea— es que me gustan las mujeres. Pero eso no es posible en Cuba, o sea que en su lugar estudio Derecho. Ahora ya lo sabes; pero que quede entre nosotros.

Muñoz esboza su melancólica sonrisa ensimismada y saca del bolsillo el regalo de cumpleaños de Vera.

—No tienes por qué darme nada —protesta ella, abriendo el paquete del regalo: una delgada cadena de plata—. ¿De dónde diablos la has sacado?

Muñoz mira al mar.

—La encontré en una jarra de agua —murmura.

—No sé si me gusta —dice Vera, que siempre dice exactamente lo que piensa—. ¿Me va bien? Parece más bien propia de una puta.

El doctor Gómez estaba apoyado en el coche.

—La policía está aún en tu casa —suspiró—, o sea que tendremos que esperar un poco.

Muñoz asintió con la cabeza.

—Podríamos tomar una copa en el bar, tú invitas.

No había nadie aparte de ellos, el camarero y una chica con un biquini amarillo que bebía una Coca-Cola con pajita.

—Por desgracia —murmuró Muñoz tomando un sorbo de su vaso—, me he dejado las gafas de leer en la peluquería. ¿Me prestas el coche?

Gómez cogió un puñado de cacahuetes y los contó cuidadosamente.

—La partida que jugamos el martes terminó en tablas, ¿no?

—No; perdí yo. A tiempo.

—¿Volveremos a jugar alguna vez, Joaquín?

—No hay que descartar la posibilidad.

Se dieron la mano.

Gómez besó a Muñoz en ambas mejillas.

—Con la edad te haces sentimental —dijo, suspirando.

—Lo sé. ¿Sigues guardando una botella en la guantera?

Gómez asintió en silencio.

—Ya sabes que le tengo cariño al coche, Joaquín.

—Eres un buen amigo, Juan.

—¿Escribirás?

—Te lo prometo.

—¿Con alguna explicación?

—¿Desde cuándo da nadie explicaciones?

—De hecho hay miles de cosas que quisiera preguntarte, pero en este momento tengo la mente en blanco. Lo único que se me ocurre es aquella historia del tipo de nombre raro. A veces, cuando has bebido demasiado, hablas de un hombre llamado Bonifacio.

—Ah, sí, es verdad. Es una historia de hace mucho. No era un hombre. Era un asno.

—¿Un asno?

Muñoz movió la cabeza afirmativamente.

—Si cierro los ojos, aún puedo verlo ante mí aquella noche que me llevó a Florencia.

—¿Te llevó? ¿Un asno?

—Era una noche con muchas, cómo diría yo, con muchas expectativas. Ah, Florencia. No hay ciudad más bella sobre la verde tierra del Señor; te lo dice alguien que lo ha visto todo.

—¿Qué fue del asno?

—Me lo comí.

—Vale. Cuídate, Joaquín.

Muñoz se encogió de hombros, cogió las llaves y fue al coche.

Hacía una temperatura agradable allí, junto al agua, y, aunque la carretera era irregular, iba a disfrutar del viaje y se abstendría de mirar atrás.

Abrió la guantera, encontró la botella y la destapó, puso en marcha el coche y se apartó del bordillo.

El asfalto desaparece bajo el radiador. Las casas se hacen más distantes, la ciudad se encoge en el retrovisor.

Toma otro lingotazo de la bebida dulce, se desliza asiento abajo y recita en voz alta:

—Consuela como la lluvia, aplaca como el sueño, más dulce que una sonrisa y más suave que el rocío.

BJARNE REUTER, (nacido en Brønshøj , 29 de abril de 1950) es un danés escritor y guionista , conocido por sus libros para niños y adolescentes. Muchas de sus obras se exponen en la década de los cincuenta y sesenta , el período de tiempo de su infancia y adolescencia. Muchos de ellos también hacen referencia a la zona sur de Copenhague, donde había nacido. Reuter es el autor de la popular serie de televisión danesa y de la película Cazadores de Verden ("El mundo de Buster"). Él ganó el
Deutscher Jugendliteraturpreis
.

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