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Authors: Albert Boadella

Tags: #Ensayo

Adiós Cataluña

 

Albert Boadella nunca ha sido una figura cómoda ni complaciente. Como actor, director y dramaturgo ha buscado siempre remover conciencias. Sus montajes causan siempre encendidas polémicas, que han supuesto procesos judiciales, debates políticos y atentados a la compañía. La presente obra, un canto de amor y odio a su patria y los políticos que la gobiernan, no es una excepción.

Albert Boadella

Adiós Cataluña

Crónica de amor y de guerra

ePUB v1.0

evilZnake
01.02.12

© Albert Boadella Oncins, 2007

© Espasa Calpe, S.A., 2009

Diseño de la cubierta: R.F.

Déposito legal: B.50.878-2008

ISBN: 978-84-670-3075-4

Dedicado a los osados conciudadanos que

en los últimos tiempos han tenido la

gallardía de salir en defensa de un

apestado étnico en un territorio de alto

riesgo para tales alegatos.

Arcadi Espada, Ester Caminal, Joaquim

Curbet, Joan Barril y Josep Quintanas.

«Aquí la envidia y mentira

me tuvieron encerrado.

Dichoso el humilde estado

del sabio que se retira

de aqueste mundo malvado...»

FRAY LUIS DE LEÓN

Prólogo

«Si tuviera que escoger entre salvar la vida de un animal o de un ser humano, empezaría por el segundo. Únicamente tendría dudas en alterar el orden prioritario si el ser humano fuera Boadella.» (Remigi Casas,
El Periódico de Catalunya.
)

«El joglar Boadella ha descubierto el autoodio; por eso complace las orejas de los españoles avisándolos del peligro que tienen de quedarse sin el noreste peninsular.» (Salvador Redó,
Regió 7.
)

«No acabo de comprender la obsesión del personaje con la España más profunda e intolerante, la de los sujetos rancios y analfabetos, los mismos que nos han puteado durante décadas y que siguen haciéndolo.» (
Osona.
)

«Este señor se dispone a constituir un partido, un club estrambótico, patafísico, energuménico y filohispánico.» (Miquel Pairoli,
ElPunt.
)

«Sin duda, la pereza los vencerá y preferirán seguir en sus mecedoras, alejados de la realidad del país, mientras continúan retroalimentando sus complejos y su autoodio. Por ello estoy convencido de que la enésima bufonada de Boadella no pasará de ser una pequeña anécdota.» (Joan Tarda,
El Mundo.
)

«Entre ellos [fundadores de
Ciutadans
] hay uno que no puedo nombrarlo porque de hacerlo podría ocurrirme una desgracia, y no sería la primera. El tipo en cuestión me produce una fuerte urticaria y el médico me tiene prohibido acercarme a él. Solo les diré que se trata de un conocido hombre de teatro.» (J. de Sagarra,
La Vanguardia.
)

«Es inútil explicar a un saltimbanqui que la libertad no puede ser consigna ni instrumento, a no ser que uno quiera ciscarse en ella, y a eso le llamo yo alma de pájaro pinto, para ser benévolo con los imbéciles, porque de otro modo habría que llamarles saboteadores y chaqueteros.» (Ramón Pedros,
ABC.
)

«A Boadella se le otorgó un polémico premio en un momento en el que las posiciones ultraespañolistas del actor basadas en dosis de show, de mentiras y provocaciones estaban en auge.» (Jaume Fábrega,
Diari de Girona.
)

«Pienso que personajes como este deberían hacer las maletas y emigrar donde tienen simpatizantes en el Estado; pero estos no irán en patera, sino con los bolsillos llenos.» (Francesca Cola,
El 9 Nou.
)

«Son la nueva Falange. Fusilaron tantos como pudieron, enviaron miles al exilio y condenaron al silencio la gran mayoría. Pues nosotros también queremos exterminarlos ¡Qué carajo! Divirtámonos hasta morir, que la guerra a cara descubierta quizá ya ha comenzado.» (Oriol Mallo,
Avui.
)

«Arcadi Espada no debe tener el oído muy fino. Yo no grité: "Boadella, hijo de puta". Lo que grité fue: "Boadella, fill de puta".» (Joan de Sagarra,
El País.
)

«Arcadi Espada y Albert Boadella. Vaya dos. Como sus apellidos, agresivos y opresivos. La espada para atacar al enemigo, y la boa, un animal que mata a sus víctimas ahogándolas con sus anillas mortales.» (Jou Ramírez,
Diari de Girona.
)

«Boadella es un blasfemo. Ello en una sociedad como la nuestra, tensada por el ateísmo, resulta una suerte. Sus groserías son las del creyente que se rebela. Luzbel de pacotilla, escupe al Cielo porque cree en Dios y en su corte de ángeles.» (J. M. Cadena,
El Periódico de Catalunya.
)

«Boadella es una copia, una amalgama ridícula, de falangista provinciano y de militar melillense.» (
Osona.
)

«El
bou
de Reus entrega la "cagarruta" al director Albert Boadella en señal de rechazo y por bufón pagado de los franquistas.» (M. Albisua,
El Punt Tarragona.
)

«Después de ver la actitud del señor Boadella no iremos a ver
La Torna
; este será nuestro pequeño boicot. Emplazo a la gente que va normalmente al teatro a seguir mi ejemplo.» (Jordi Novell,
Avui.
)

«No sé yo si el nacionalismo de alto copete que ahora ríe las gracias de Boadella en Madrid se reiría igual si invirtiésemos la sátira. Es decir, un Alberto Bobadilla salmantino subvencionado por la Generalitat, que tras amenazar España con los almogávares y hablar del gobierno regional de la Moncloa, pintase a Sancho castellano viejo y a Don Quijote catalán. ¡Veríamos!» (Marius Serra,
La Vanguardia.
)

«Como babuino cada vez olfatea con la nariz más a la derecha. Haznos el favor, Boabdil-la: llora como un estreñido lo que no supiste defender como un actor.» (
Avui.
)

«Cuesta creer que Albert Boadella y compañía sean tan, tan, tan estúpidos como para caer de cuatro patas en la estrategia criminal del PP.» (Jaume Reixac,
El Triangle.
)

«Personas indignas como Boadella, amantes de la España "una, grande y libre", que se emocionan más escuchando el himno nacional español que
Els segadors
.» (Rosa María Vives,
Diari de Terrassa.
)

«Boadella se convierte en bufón tránsfuga y tramposo que solo busca la piedra filosofal que le conviene.» (Rafael Vallbona,
El Mundo.
)

«Boadella es un miserable, porque siendo catalán, como decimos aquí "De puerco y de señor hay que nacer de ello". Yo añadiría que él es, efectivamente, un miserable puerco.» (Joan Lacorte,
Diari de Tarragona.
)

«Boadella y otros quieren un Barça vencido y españolizado. También están contra Laporta y su Junta. ¡Nosotros, con la Junta!». (
El 9 Esportiu de Catalunya.
)

Estimado lector, como queda ostensible, el inspirador de tales estampidos literarios es un servidor: Albert Boadella Oncins, de nacionalidad española, nacido en Barcelona el 29 de julio de 1943, hijo de Ángeles y Francisco. Artista. Estado civil: casado y con tres hijos. Actualmente, vecino de Jafre (Ampurdán, Girona, España).

No obstante, desde hace algún tiempo, he llegado a la conclusión de que quizá hubiera preferido llamarme Pablo Hermoso de Mendoza y nacer en Madrigal de las Altas Torres, empresa que no doy aún por imposible, pues casi todas mis ambiciones recónditas, tarde o temprano, me han sido otorgadas por el sagrado azar.

Este complejo equilibrio entre las apetencias y sus probabilidades de realización ha sido esencial para recorrer una vida de forma saludable, llevadera, jocosa y aceptablemente feliz. Entiendo que lo que acabo de escribir produce una grata sensación a muchas personas que se sienten partícipes del bienestar ajeno, pero también me consta que la natural satisfacción conmigo mismo pone de los nervios a un buen puñado de ciudadanos, los cuales se hallan empeñados en hostigar una hilarante existencia.

Semejantes adversarios vocacionales encubren a menudo sus efectivos militares contra un servidor justificándolo como disidencias ideológicas o acusaciones de alta traición a la tribu, pero la auténtica razón de sus fogonazos es, ante todo, disparar contra un espécimen que exhibe públicamente la insolencia de pasárselo en grande.

En el fondo, tales envites bélicos en forma de letra impresa, emisión radiofónica, imagen televisada, o simple anónimo electrónico, han resultado providenciales. Debo reconocer que su contribución se ha revelado imprescindible para realizar la quimérica dualidad de artista y guerrero a la vez.

Precisamente, entre los lemas más desafortunados de mi generación se halla aquella cursilada, de gran expansión comercial y monserga progresista, «Haz el amor y no la guerra». Es muy probable que semejante eslogan fuera invención de algún avispado traficante, pues funcionó como simple excusa para atiborrarse de marihuana y situar la escasa mente de sus adeptos en la aburrida marginación de un supuesto nirvana. Admito que ya entonces el lema en cuestión me ponía frenético y la sola facha deslustrada de sus seguidores infundía en mí, deseos irrefrenables de sacudirlos a puntapiés a fin de resucitarlos entre la realidad.

Las más espabiladas de aquellas beatíficas criaturas participaron después en la misión de llevar a la práctica política los ideales de Mayo del 68. Sin embargo, al cambiar la humilde marihuana por la opulenta coca y mezclarla con el Vega Sicilia de los ágapes ministeriales, les infundió tal dosis de brío, que los llevaba a justificar la corrupción y el crimen de Estado con el fin de alcanzar raudamente aquellos sublimes objetivos.

Unas décadas más tarde aparcaron lo del amor, y junto con sus creciditos retoños vociferaban escuetamente «No a la guerra». Ya no era la búsqueda del nirvana, sino la creciente patología exhibicionista que les hace hoy mostrarse tan compasivos y solidarios como Gandhi. Aunque también igualmente resueltos a imponer un nuevo Dios justiciero a su medida, cuya misión terrenal es cambiar el curso de la naturaleza humana y criminalizar toda inclinación conservadora. Un colega-Dios vanguardista, bisexual, pacifista, algo agnóstico y republicano de izquierdas.

Esta breve declaración de principios hace patente mi resistencia ante cualquier «viaje» que pueda alejarme de la cruda realidad, al mismo tiempo que sentía, y siento, una enorme fascinación por hacer el amor y la guerra en justa armonía. Así lo he venido practicando fuera de todo complejo, pero también porque la salud me ha permitido combatir y amar sin tregua ni descanso.

AMOR I

Cuando contemplé a mi prima Carmina bailando sardanas, me pareció una hierática escultura, oscilando arriba y abajo en ligeros rebotes acompasados. Esa severa tiesura de la danza regional fue lo primero que sorprendió mi ávida curiosidad de chiquillo. Tendría entonces escasamente seis años y observaba con atención los impulsos rítmicos de la mano del señor Francisco (mi padre). En aquella soleada mañana de domingo, el hombre, con cierto aire subrepticio, me llevó a presenciar el evento, el cual se desarrollaba envuelto en un clima hermético totalmente nuevo para mí.

Durante la niñez estamos dotados con una percepción sintética de cualquier ambiente, capaz de registrar en unos segundos lo que de mayores nos obliga a largas comprobaciones, y ahora, tantos años después, a cumplimentar un sinfín de normas gramaticales para poder rememorar el pasado. Pero lo voy a intentar.

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