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Authors: Alfonso Ussía

Tags: #Humor

Mamá se quiere morir y no hay manera

 

La original y divertida vida del marqués de Sotoancho se ve ensombrecida por los celos que siente de Marsa, su segunda y despampanante mujer. El marqués teme con horror que sea un torero de los amores de ella y la causa de sus propios cuernos.

Además, sus problemas con la tecnología, concretamente con el ordenador, componen un escenario que crea más de un conflicto en La Jaralera.

Alfonso Ussía

Mamá se quiere morir y no hay manera

Memorias del marqués de Sotoancho - 8

ePUB v1.0

Mezki
15.06.12

Título original:
Mamá se quiere morir y no hay manera

Alfonso Ussía, mayo, 2006.

Ilustraciones: Barca

Diseño/retoque portada: Barca

Editor original: Mezki

ePub base v2.0

Los personajes:

Cristian Ildefonso Laus Deo María de la Regla Ximénez de Añorada y Belvís de los Gazules, Valeria del Guadalén y Hendings, marqués de Sotoancho.

Lugar de nacimiento:
Sevilla.

Fecha:
12 de febrero de 1938.

Estado civil:
Viudo.

Hijos:
Cinco.

EVOLUCIÓN PERSONAL:

Pasa 62 años de su vida dominado por su madre, la marquesa viuda de Sotoancho, mujer de armas tomar. Multimillonario y propietario de La Jaralera, pichafloja y tontorrón, al menos en apariencia. En el fondo, Sotoancho es un infeliz, un zangolotino con deseos invencibles de convertirse en un hombre. Un día, inesperadamente, se topa con Marisol, la hija de Lucas, el guarda del cuartel de la Sierra de La Jaralera. Y Sotoancho, viéndola nadar desnuda en aguas del Guadalmecín, siente la fogarada del macho y se enamora de ella. De la hija de un guarda, de una menestral, de una doñanadie. A su edad, necesita urgentemente casarse y tener un hijo, entre otras razones, para heredar El Acebuchal, el campo colindante, la casa y finca de su tío Juan losé Henestrillas. Su madre le asigna como esposa a Olimpia de Bolka-Romanov y Repullés, una sobrina biznieta del último Zar de Todas las Rusias cuyo padre, un sobrino del Zar, consiguió huir del terror bolchevique y terminó por recalar en Barcelona, donde conoció a Mercé Repullés, copropietaria de la peletería Repullés, Pirolas y Pirretas. De aquella unión nació el fruto de Olimpia, sencillamente horroroso. Cuando Sotoancho está a punto de casarse con Olimpia, renunciando a su amor por Marisol —vetada por la marquesa viuda—, ésta es secuestrada por una banda de delincuentes comunes, entre los que se encuentra el Cigala, pinche de La Jaralera. Superado el trance —que se supera porque los secuestradores obligan a la secuestrada a abandonar el «zulo», por pesada—, Sotoancho decide plantarse ante su madre y casarse con Marisol. La marquesa viuda no lo acepta y viaja a Roma para pedirle al Papá que impida ese matrimonio desigual. Para aliviar su tensión, Sotoancho huye con Tomás, su leal mayordomo, a Estoril, y allí conoce a una mujer maravillosa, Margarita Restrepo Olivares,
Marsa,
una colombiana de prodigio que hace a Sotoancho hombre por primera vez. Éste rompe con Marisol, y anuncia que se va a casar con la guapa colombiana divorciada de dos maridos. Lo hará por lo civil en el Consulado de España en Lisboa. Se inicia la ceremonia y Tomás es avisado. Llamada urgente de España. La marquesa viuda ha muerto. Se suspende la boda y Sotoancho emprende viaje de regreso. Su madre, muerta, no es como todas las muertas. Mueve la boca. Y se aparece por las noches. Al fin, Sotoancho comprende que se trata de una mentira.

Pero la marquesa viuda ha vencido, impidiendo la boda. La distancia del océano apaga la pasión de Sotoancho, que vuelve a enamorarse de Marisol, que a su vez, en venganza, se ha liado con un estudiante de Arquitectura de Sevilla. Todo se perdona, pero la madre sigue ahí. Y surge el milagro. La aparición inesperada de un anciano lituano, Arturas Markulonis, viejo profesor de baile de la marquesa viuda cuando ésta era niña, y que reconoce haber mantenido con la intransigente dama un amor volcánico y pecaminoso, cuando ésta contaba con diecisiete años de edad. La evidencia derrumba a la marquesa y acepta a regañadientes la boda de su hijo con la hija del guarda. Y ésta se celebra por todo lo alto en La Jaralera.

Dos acontecimientos marcan el último año de Sotoancho. Marisol, su esposa, da a luz a cinco niños, todos varones. Y fallece repentinamente el tío Juan losé, el viejo hembrero propietario de El Acebuchal. Los cinco hijos, de golpe, conmueven la tranquilidad del cómodo marqués, y la herencia del tío Juan José le convierte en el más poderoso terrateniente del Reino. Pero también tiene que luchar—y vencer— en un conflicto familiar que se presenta agrio y desagradable. Su madre, la marquesa viuda, se niega a ceder el primer lugar femenino en el escalafón protocolario a su nuera Marisol, y más aún, su sitio en el comedor de La Jaralera, la cabecera de la mesa correspondiente a la provincia de Sevilla. Su capacidad de coacción y chantaje alcanzan un punto culminante cuando la marquesa viuda, herida por no haber visto cumplidas sus reivindicaciones, abandona La Jaralera para ingresar de novicia en un convento de clausura. Todo ello lo lleva el marqués con desenvoltura y firmeza.

Su habilidad alcanza el nivel máximo durante la preparación de un atentado suicida de raíz islámica que prepara un jardinero marroquí despedido por su madre, objetivo del magnicidio. El atentado falla, para disgusto del marqués. Aunque su gran tristeza le viene de las sorpresas de la vida. En accidente de carretera fallece su mujer, Marisol, por la que tanto había luchado. Le deja viudo y con cinco hijos. Por fortuna, otro amor espera.

Marisol Montejo Frechilla, marquesa de Sotoancho

Lugar de nacimiento:
Zahara de los Atunes (Cádiz).

Fecha:
7 de abril de 1979.

Hija de Lucas, el guarda de La Manchona, cuartel serrano de La Jaralera. Rubia, de mediana estatura, bellísima e inteligente.

Después de muchos avatares y críticas, es la nueva marquesa de Sotoancho.

Su boda con el marqués la convierte en la marquesa Uno de Sotoancho, desplazando al segundo lugar a la marquesa viuda. Para colmo, su parto es una muchedumbre y tiene cinco hijos. Con la pentamaternidad, Marisol cambia y se dedica en exclusiva al cuidado de los niños. Y su cuerpo ensancha.

Muere en accidente de carretera camino de Sevilla.

Cristina Victoria Jimena Belvís de los Gazules Hendings, Boisseson y Hendings, marquesa viuda de Sotoancho

Lugar de nacimiento:
Jerez de la Frontera (Cádiz).

Fecha:
19 de enero de 1911.

Estado civil:
Viuda de don Ildefonso Gonzalo del Prendimiento Ximénez de Andrada y Valeria del Guadalén, De Elcano y Mendiluce, anterior marqués de Sotoancho y padre, como es natural, de su hijo.

Su intransigencia, religiosidad pretrentina, su franquismo irredento —se enteró de la muerte de Franco con quince años de retraso para privarla del soponcio— y su obsesión por casar a su hijo con una joven de buena familia chocan con el destino.

Durante décadas ha mandado sobre todo. Sobre su hijo, sobre sus bienes, sobre el servicio, sobre la fortuna, sobre el capellán y, en ocasiones, sobre el mismo Dios. No ha perdonado a los Reyes no haber sido invitada a las bodas de las Infantas. Es secuestrada y obligada, por los delincuentes, a abandonar el lugar del secuestro.

Cuando parecía que iba a triunfar, una vez más, contra la voluntad de su hijo, aparece Alturas Markulonis, su gran amor, su secreto celosamente guardado, y su integridad se desmorona. Se ve obligada a aceptar la boda de su hijo con Marisol, la hija del guarda.

No cambia esta mujer. Herida en sumo grado por su pase a la reserva como marquesa Uno de La Jaralera y la pérdida de la cabecera en la mesa del comedor de la provincia de Sevilla, hace lo posible por boicotear a su nuera. Cuando sus planes fracasan, ingresa en un convento de clausura. Allí sufre un accidente y es devuelta en condición de tontita a su lugar de origen. Sobrevive a un nuevo golpe y sana felizmente, que es un decir.

Su maltrato al nuevo jardinero marroquí Mustafá provoca una tensión en La Jaralera de difícil superación. El jardinero humillado se hace talibán y ataca a la marquesa viuda con el permiso de su hijo, el marqués de Sotoancho. Pero como siempre, la marquesa sobrevive y sigue dando la tabarra en un paraíso de la armonía donde la única excepción es ella.

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