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Authors: Linda Howard

Tags: #Intriga, #Romántico

Morir de amor

 

Blair parece tenerlo todo en la vida: es joven, guapa y, tras un razonable divorcio, dueña de su propio negocio: un exclusivo gimnasio. De repente toda su vida se desmorona al ser testigo del asesinato de una de sus clientas. Para complicar más las cosas, el policía encargado del caso es Wyatt, un exnovio de Blair que la dejó un buen día sin más explicaciones. Wyatt parece decidido a proteger a la joven del asesino que sigue ahí fuera, y también de retomar su relación. Blair sigue dolida por la forma en que él desapareció, y no está dispuesta a ponerle las cosas fáciles. Sin embargo, mientras dure el peligro, no tiene más remedio que compartir hasta los momentos más íntimos con el curtido policía…

Linda Howard vuelve a demostrar que sabe combinar como nadie la tensión romántica y el suspense policíaco.

Linda Howard

Morir de amor

Blair Mallory 1

ePUB v1.0

Mapita
20.02.13

Título original:
To Die For

Linda Howard, 2004

Traducción: Armando Puertas Solano

Nº de páginas: 283

Editor original: Mapita (v1.0)

Colaboran: Enylu, Mística y Natg {Grupo EarthQuake}

Corrección de erratas: Enylu

ePub base v2.1

L
a mayoría de la gente no se toma en serio el trabajo de las animadoras en los eventos deportivos. Si sólo supieran

Una chica americana tradicional, ésa soy yo. Si miráis en las páginas de mis anuarios escolares de tiempos del instituto, veréis una chica de pelo largo y rubio, bronceada y con una sonrisa generosa que deja ver su blanca y perfecta dentadura, resultado de los miles de dólares gastados en aparatos y de la aplicación de enjuagues de flúor. De los dientes, claro está, no del pelo ni de la piel. Por entonces, yo poseía esa seguridad adquirida sin mayor esfuerzo, propia de la princesa adolescente de clase media alta en Estados Unidos. Nada malo podía ocurrirme. Al fin y al cabo, era animadora.

Lo reconozco. En realidad, me siento orgullosa de ello. Mucha gente cree que las animadoras son chicas superficiales y presumidas, pero es que esa gente nunca ha sido animadora. Les perdono su ignorancia. El trabajo de animadora es duro, y exige una mezcla de fuerza y destreza. Además, es un trabajo peligroso. A menudo sucede que alguien resulta herida, y hasta ha habido fallecimientos, entre las animadoras. Suelen ser las chicas las que resultan heridas. Los chicos son los que nos lanzan al aire, las chicas son las lanzadas. Técnicamente, nos llaman «voladoras», lo cual es bastante absurdo porque, evidentemente, no podemos volar. No, a nosotras nos
lanzan
al aire. Las lanzadas son las que acaban cayendo al suelo de cabeza y rompiéndose las vértebras del cuello.

Yo nunca me rompí el cuello, pero sí el brazo izquierdo y la clavícula. Y, en una ocasión, me disloqué la rodilla derecha. No podría ni contar las torceduras y magulladuras. Pero poseo un agudo equilibrio, piernas fuertes, y todavía puedo dar volteretas hacia atrás y hacer
splits
laterales. Además, estudié en la universidad gracias a una beca para animadoras. Ya me diréis si este país no es una pasada.

En fin, en cualquier caso, me llamo Blair Mallory. Ya lo sé, es como un nombre de peluche. Va todo junto con lo de ser animadora y con el pelo rubio. Pero no hay nada que yo pueda hacer, es el nombre que me pusieron mis padres. Mi padre se llama Blair, de modo que supongo que me alegro de que no me hayan puesto el nombre entero, con un
Júnior
al final. No creo que hubiera salido elegida Reina de la fiesta de los Ex Alumnos si me hubieran puesto Blair Henry Mallory Jr. Me doy por satisfecha con Blair Elizabeth, gracias. Quiero decir, la gente del espectáculo ha empezado a ponerle a sus hijos nombres como
Homer
. Madre mía. Cuando esos hijos crezcan y maten a sus padres, creo que sus casos se deberían fallar como homicidio justificado.

Lo cual trae a colación lo del asesinato del que fui testigo.

En realidad, no lo trae a colación, pero al menos parece un paso lógico, quiero decir, la asociación.

A las grandes princesas animadoras de Estados Unidos también les suceden cosas malas. Al fin y al cabo, me casé, ¿no?

Eso también se presta a una asociación con lo del asesinato. Me casé con Jason Carson justo después de acabar la facultad, de modo que durante cuatro años mi nombre fue Blair Carson. Debería haber sabido que una no se casa con un hombre cuyo nombre y apellido riman, pero hay cosas que no se aprenden más que con la experiencia. Jason era un hombre metido de lleno en la política. Miembro del consejo de alumnos, activo en la campaña de su padre para un escaño en el Congreso, y en la de su tío, el alcalde, bla, bla, bla. Jason era tan atractivo que literalmente hacía tartamudear a las chicas. Es una lástima que lo supiera. Tenía un pelo espeso, besado por el sol (
rubio
, en lenguaje poético), unas facciones que parecían cinceladas, ojos azul marino, y se conservaba en una forma excelente. Pensemos en John Kennedy Jr., quiero decir, en el cuerpo.

Y ahí estábamos: la pareja del cartel publicitario para un cabello rubio y unos dientes blancos. Yo misma tenía una figura que no estaba nada mal, si se me permite decirlo. ¿Qué otra cosa podíamos hacer sino casarnos?

Cuatro años después nos separamos, y aquello fue un gran alivio para los dos. Al fin y al cabo, no teníamos nada en común, excepto nuestro atractivo, y no creo que eso sea una base razonable para casarse, ¿no os parece? Jason quería tener un bebé para que nos convirtiéramos en la gran familia americana y poder lanzar su campaña como el congresista más joven del estado. Esto, en realidad, si queréis saber la verdad, me irritó mucho, pero mucho, porque antes se había negado a tener un bebé, y ahora, de pronto, el bebé se convertía en una posible baza para su campaña. Le dije «bésame el culo». No es que no me lo hubiera besado en alguna ocasión, pero el contexto era muy diferente, ¿me entendéis?

Me porté como un asaltante de caminos cuando tuvimos que pactar el acuerdo de divorcio. Quizá debería sentir culpa. Quiero decir, no es una manera de actuar muy feminista. Levántate por tus propios medios, lucha por tus propios logros, y ese tipo de cosas. La verdad es que creo en todas esas cosas. Sólo quería hacer sufrir a Jason. Quería castigarlo. ¿Por qué? Porque lo sorprendí besando a mi hermana menor, Jennifer, el día de Año Nuevo, mientras el resto de la familia descansaba apoltronada en el estudio mirando un partido de la liga de fútbol. Jenni tenía entonces diecisiete años.

Pues, ponerme furiosa no me hace más lerda. Cuando los vi en el comedor, me fui de puntillas a buscar una de esas cámaras de usar y tirar que ese día habíamos comprado para inmortalizar la ocasión y añadir fotos al álbum de campaña de Jason, con la familia reunida, celebrando una fiesta, atiborrándose alrededor de una mesa llena de cosas ricas y fatales para el colesterol, mirando un partido de la liga. A él le gustaba tener fotos de esas reuniones familiares, porque mi familia es mucho más guapa que la suya. Si se trataba de su campaña, Jason era capaz de echar mano de lo que fuera con tal de obtener una ventaja.

En fin, tomé una muy buena foto de Jason y Jenni, con flash y todo, de modo que él sabía que yo tenía la sartén por el mango. ¿Qué iba a hacer, perseguirme, hacerme un placaje delante de mi padre y quitarme la cámara a la fuerza? No era nada probable. Para empezar, tendría que dar explicaciones, y sabía que no contaría conmigo para apoyar su versión de los hechos. Y luego, mi padre le hubiera dado de patadas por atreverse a tocarle un pelo a la niña de sus ojos. ¿No os había dicho que soy la niña de los ojos de mi padre?

De modo que presenté una demanda de divorcio y Jason me dio todo lo que quise, con una condición: que le devolviera la foto y el negativo de él y Jenni. Sí, claro, ¿por qué no? Nadie pensará que fue la única copia que mandé hacer.

Puede que Jason pensara que yo era demasiado tonta como para hacer algo así. Nunca sale a cuenta subestimar lo bajo que puede ser tu adversario. Por eso pienso que a él nunca le irá bien en política.

También le conté a mi madre que Jenni había dejado que Jason la besara. Nadie se habrá pensado que iba a dejar a esa fresca traidora salirse con la suya, ¿no? No es que no quiera a Jenni. Lo que pasa es que ella es la pequeña de la casa y cree que puede conseguir cualquier cosa y todo lo que le venga en gana. De vez en cuando, hay que demostrarle que eso no es posible. También me he dado cuenta de que
su
nombre sí que rima: Jenni Mallory. Su verdadero nombre es Jennifer, pero nunca la han llamado así, de modo que no cuenta. No sé qué es lo que tengo con los nombres que riman, pero para mí son como un pájaro de mal agüero. La diferencia está en que a Jenni la perdoné, porque es de la familia. En cuanto a Jason, no tenía ni la más puñetera intención de perdonarlo.

Así que Mamá se encargó de Jenni, que pidió perdón entre sollozos y prometió ser una buena chica, o al menos demostrar que tenía más tacto. Mi hermana Siana, que estudiaba Derecho, se encargó de las negociaciones con Jason. El nombre «Siana» es, supuestamente, la versión galesa de «Jane», pero créanme, Siana significa «devoradora de hombres, escualo con hoyuelos». Eso es Siana.

Con las mujeres Mallory en acción, el divorcio salió en tiempo récord sin que Papá supiera jamás por qué todas estábamos tan enfadadas con Jason. Tampoco le importaba tanto. Si nosotras estábamos enfadadas, pues él también lo estaría. ¿No os parece de lo más tierno de su parte?

Lo que conseguí de Jason a través del acuerdo de divorcio fue una gran tajada de efectivo. Gracias. También me quedé con el Mercedes rojo descapotable, desde luego, pero lo más importante fue el dinero y lo que hice con él. Compré un gimnasio, un
fitness center
. Al fin y al cabo, una progresa según sus capacidades, y yo sé todo lo que hay que saber acerca de cómo mantenerse en forma. Siana sugirió que lo llamara «Blair’s Beautiful Butts»
[1]
, pero pensé que eso limitaría la clientela y podría dar a la gente la impresión de que también hacía liposucciones. Mamá se inventó «Cuerpos Colosales», y a todas nos gustó, así que ése fue el nombre con que acabó el antiguo gimnasio de Halloran.

Me gasté una buena pasta en la remodelación y en equipamiento, pero cuando acabé, el local prácticamente gritaba a los cuatro vientos su categoría de «primera clase». Los espejos eran biselados, los equipos eran los mejores del mercado. Mandé rehacer completamente los baños, los vestuarios y las duchas. Añadí dos saunas y una piscina, además de una sala privada para masajes. Los miembros de «Cuerpos Colosales» podían escoger entre yoga, aerobic,
tae bo
o
tae-kwondo
. Si con yoga no te relajabas, podías practicar
kick ass
sin salir del local. También insistí en que todo el personal supiera hacer reanimación cardiorrespiratoria, porque nunca se sabe en qué momento un ejecutivo con una forma lamentable y el colesterol por las nubes se pondría a levantar pesas con la intención de recuperar su cuerpo de adolescente de la noche a la mañana y así impresionar a su nueva secretaria, y ya la hemos liado. Un paro cardiaco a la carta. Además, era algo que, desde el punto de vista de la publicidad, impresionaba.

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